Vallecas, invierno y memoria con Julio Llamazares

Un momento de la conferencia de Julio Llamazares. Foto: J. L.

Por Jesús López

La tarde del viernes 16 de enero trajo un frío crudo, estepario. De esos que no solo muerden la piel, sino que se instalan en el ánimo. Caminé hacia el Centro Cultural Paco Rabal (calle de Felipe de Diego, 13) acompañado de mi hermana, compañera insustituible en esta etapa de mi vida que también es un invierno áspero, silencioso y solitario. Íbamos a asistir a una conversación en torno al libro ‘El viaje de mi padre’, de Julio Llamazares, sin saber aún que también hablaría de nuestros propios padres y de las preguntas que no les hicimos a tiempo.

El acto, organizado por la librería Muga, ese referente cultural imprescindible en Vallecas, reunió a muchos vecinos. El ambiente fue cálido, casi familiar. Sobre el escenario, la académica Carmen Varcárcel y la poeta y periodista Esther Peñas dialogaron con una sensibilidad que estuvo a la altura del contenido del libro.

En ese aspecto, la conferencia conectó con mi forma de entender la literatura de viajes: un género que me interesa menos por el desplazamiento que por su dimensión introspectiva, por ese yo que se expone y construye el paisaje desde su propia visión subjetiva, tal y como señaló el novelista leonés.

Durante su intervención, Llamazares dejó ver una mirada hecha de lecturas y de memoria. Su discurso estuvo trenzado de citas de otros autores, pero, sobre todo, de una idea central: en ‘El viaje de mi padre’ hay dos viajes. El primero es el físico, el del territorio que se recorre siguiendo la espina dorsal de la Península Ibérica. El segundo es el psicológico, el que pudo hacer su padre, un muchacho de apenas 18 años obligado a cruzar el país para combatir en una de las batallas más crueles de la Guerra Civil, como fue la de Teruel.

Al escucharlo, se me impuso una reflexión personal. Cuando mi padre me contaba sus historias, apenas las atendía, entonces parecía que habría tiempo. Sin embargo, murió pronto y sus recuerdos quedaron en ese limbo donde se disuelven las vidas de quienes no supimos escuchar. Después llega el arrepentimiento y el intento de recomponer esas historias con la imaginación.

La esencia del país

En honor a su padre y a sus compañeros, muy especialmente a su amigo Saturnino, pero también para recorrer un territorio que condensa la esencia del país, Llamazares repite el viaje en los mismos meses del año, tratando de sentir el mismo frío, consciente de que es imposible, puesto que en la batalla se alcanzaron temperaturas de hasta 20 grados bajo cero. En el camino surgen recuerdos de aquel invierno extremo y de los paisajes que aún conservan esas historias suspendidas sobre ellos, porque la historia permanece en los lugares igual que las palabras en la memoria.

Salí del Centro Cultural Paco Rabal con esa sensación que dejan algunos libros y algunas conversaciones: la de una puerta que no se cierra al salir. Caminé de vuelta con mi hermana, pensando que quizá la literatura sirve para regresar tarde y recorrer, con palabras y emociones, todos los caminos que otros anduvieron antes.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.