Por Juan Sin Credo
Existen lugares que, aunque crezcan dentro de una gran ciudad, conservan la textura íntima de lo que fueron. La Villa de Vallecas —el Pueblo de Vallecas, como aún lo denominan muchos vecinos— es una de ellas. Bajo el ritmo de la metrópoli, sigue latiendo una memoria antigua: la de un pueblo con identidad propia y con paisajes que hoy sobreviven apenas en el recuerdo. De las cuevas del Cristo, por ejemplo, apenas quedan ya las imágenes y la memoria oral. Algunos paisanos las sitúan en la ladera junto a la carretera que sube hacia el hospital, parte de ese paisaje áspero, estepario y rural que durante décadas definió a la prácticamente extinguida Vallecas.
Esa memoria volvió a respirar durante las semanas en las que pudo visitarse la exposición dedicada a Constantino Martínez, Tinín, en el Centro Sociocultural Francisco Fatou (calle de Manuel Vélez, 10), clausurada el 19 de marzo. No fue solo un homenaje personal, sino una invitación a recorrer el antiguo Pueblo de Vallecas a través de la mirada de uno de sus vecinos más singulares.
Tinín nació en Vallecas el 6 de enero de 1930 y pasó prácticamente toda su vida entre los hornos de La Tahona —popularmente conocida como la Tahona del Pozo, fundada en 1905—. Panadero de oficio y artista por vocación, pertenecía a esa estirpe de vecinos que terminan convirtiéndose en custodios de la memoria colectiva. Mientras amasaba pan para el pueblo, —como el gran Alberto Sánchez, el escultor panadero—, fue amasando también una obra silenciosa hecha de cuadros, fotografías y maquetas que reconstruyen la Vallecas de otra época.
La vocación artística de Tinín nació muy pronto. De niño corría por los campos vallecanos, siguiendo a los jóvenes pintores que acompañaban al maestro Benjamín Palencia en sus excursiones durante los años 40, en el ambiente de la segunda Escuela de Vallecas. Aquellos chavales —a los que los vecinos llamaban «los benjamines»— aparecen incluso retratados en dibujos del propio Palencia y de otros pintores, como Luis Castellanos o Álvaro Delgado. Entre ellos estaba Tinín.
Memoria visual
Con el tiempo, sus cuadros y maquetas se convirtieron en una memoria visual del Pueblo de Vallecas. Gracias a ellas podemos reconocer cómo era este lugar antes de la expansión urbana, antes de convertirse en la gran ciudad diversa que hoy compone la gens vallecana. No es casual, por tanto, que hoy su nombre dé identidad a la Plaza de Constantino Martínez Tinín, situada en el casco histórico del distrito, cerca de la calle de Manuel Vélez y de la panadería familiar. La plaza fue inaugurada en junio de 2022, después de que el pleno de la Junta Municipal aprobara por unanimidad este reconocimiento.
Más que un homenaje individual, el gesto tiene algo de restitución simbólica. Porque si hoy todavía podemos imaginar aquella Vallecas de casas bajas, de caminos polvorientos y de vida hecha a mano, artesanal, es en buena medida gracias a la mirada de un panadero que nunca dejó de pensar que su pueblo merecía ser recordado.








