Por Araceli Domínguez
José Antonio Villarreal Gutiérrez es un escritor autodidacta de 71 años de edad que ha desafiado sus orígenes. Este vecino del barrio desde hace más de medio siglo, de raíces cordobesas, dejó la escuela con 12 años para ponerse a trabajar. Después de décadas, lo ha hecho como mecánico, pintor, inventor y autor, con un repertorio de más de 10 libros.
Cuenta que todo comenzó como un juego contra el estrés, ya que se dedicaba a leer un diccionario buscando dobles sentidos a las palabras. Así fue como convirtió mariposas en ‘Mari se hace fotos’ y, más tarde, publicó ‘Metonimias y metonomasias’. Seguidamente, llegó la primera novela corta, antesala de muchas más, hasta ‘El tren de las 2:30 h’, su mejor obra hasta la fecha, una historia que habla de un thriller de corrupción política.
Villarreal es consciente del valor de lo que ha logrado. «No tendría nada de extraordinario si no fuera porque dejé los estudios con 12 años», asegura. Escribir, dice, es la faceta de la que se siente más orgulloso.
Y es que, aunque como pintor comenzó copiando a otros hasta que pudo manejar los pinceles a su antojo, ha hecho retratos al óleo por encargo, pero reconoce que no cuenta con imaginación como para iniciar un lienzo desde cero. En cambio, para la literatura cree que sí que la tiene. Para él se ha convertido en una obligación transformadora: «Enseñar a pensar con libertad, a tener criterio propio y a no caer en la trampa de la posverdad». José Antonio considera que la pintura difícilmente conseguirá otro Guernica, pero la escritura debe ayudar a buscar el trasfondo de lo que nos cuentan.
Su diagnóstico sobre España es rotundo: «El principal problema es la corrupción». Villarreal piensa que todo gira en torno a ella: políticos, medios, jueces y policías. En sus novelas evita nombrar partidos o personajes reales, pero sus protagonistas actúan siempre según sus principios: igualdad social y defensa de los más desfavorecidos. «No puede ser que las personas sean tratadas como ganado», afirma.
Sus orígenes no fueron fáciles, puesto que se independizó con 17 años y llegó solo a Madrid, sin estudios y con la sensación de haber sido explotado y mal pagado. Ese pasado no le dejó buenos recuerdos, pero tampoco le hizo rendirse.
En función del clima
Hoy, ya jubilado, combina sus facetas según el clima: en invierno pinta en el interior y en verano trabaja en la terraza en una máquina que lleva dos años diseñando, con la ambición de que funcione sin electricidad ni combustión. «Las posibilidades de éxito son mínimas —admite—, pero yo no me rindo».
Mientras tanto, paisanos de su pueblo le han pedido que escriba la historia de Baena desde 1700, algo que considera posible gracias a los medios actuales, frente a una documentación que hasta ahora califican de sesgada.
Todas sus obras están disponibles en Amazon. Sin títulos oficiales ni talleres literarios, Villarreal encarna una forma de resistencia cultural: la de quien convirtió la necesidad en creatividad y el taller mecánico en taller de palabras. «El hecho de que convivan todas mis facetas hace que no me canse de ninguna», resume. Quizá por eso, más que un hombre del Renacimiento, sea un ejemplo de que nunca es tarde para volver a empezar.








