Vallecas tiñó de morado la lucha contra la impunidad

Un momento de la marcha que recorrió la Avenida de la Albufera. Foto: A. D.

Por Araceli Domínguez

La Red feminista de colectivas de Vallekas organizó una nueva marcha del 8-M desde el punto de vista transfeminista que, como explicaron, es la convicción de que la lucha feminista debe incluir la diversidad de cuerpos e identidades, y defender el derecho de los pueblos a la autodeterminación, a cuidar sus territorios y saberes frente al saqueo de las masculinidades hegemónicas.

Y bajo este manto de sororidad, cientos de personas se reunieron el domingo 8 de marzo para denunciar la alianza entre el poder económico, el Estado y el patriarcado en una marcha reivindicativa y combativa. Esta marea morada recorrió la Avenida de la Albufera para unirse a la manifestación de Atocha, reflejando la diversidad y la rabia contenida; ya que definitivamente se convirtió en una movilización intergeneracional, donde mujeres de avanzada edad compartieron pancarta con niñas en carritos.

‘Basta ya de impunidad’. No fue una consigna más, sino el eje de un manifiesto que denunció, punto por punto, la red de complicidades que consideran protege a los agresores, desde las élites económicas hasta los cuerpos represivos del Estado.

“Denunciamos la alianza entre poder y violencia”, recogió este texto. Las organizadoras, bajo un paraguas transfeminista, pusieron ejemplos concretos más allá de lo local. “Casos como el de Jeffrey Epstein evidencian cómo el dinero y el privilegio protegen a agresores. O las recientes denuncias contra Julio Iglesias (…). No son un caso aislado, sino parte de una estructura donde el poder económico y simbólico blinda a los agresores”, añadieron.

Por otro lado, señalaron la especulación inmobiliaria que, a su juicio, expulsa a los vecinos de sus barrios, el abandono de territorios como Cañada Real y el papel de los cuerpos represivos. “La represión sirve para desmovilizar”, explicó una portavoz del Ateneo Republicano de Vallekas. “Justicia de mierda, la estáis juzgando a ella”, corearon las vecinas, para denunciar la revictimización de las supervivientes. “Basta ya de juzgar a las víctimas. Exigimos investigación, justicia y reparación”, insistieron en el manifiesto.

La cabecera de la marcha del 8-M, junto al Estadio de Vallecas. Foto: A. D.

La protesta también puso el foco en las nuevas violencias. “Las violencias patriarcales también habitan los espacios digitales”, advirtieron, y señalaron cómo los agresores se organizan para hostigar y cómo la inteligencia artificial se utiliza para generar nuevas formas de violencia sexual. “La tecnología no es neutral cuando reproduce las lógicas del patriarcado”, sentenciaron.

Alegría combativa y sororidad

Pero si algo definió a este 8-M en Vallecas fue la alegría combativa y la sororidad. Los lemas clásicos como ‘Con ropa, sin ropa, mi cuerpo no se toca’ o ‘Me gustan las peras, me gustan las manzanas, y en la cama me meto con quien me da la gana’ se mezclaron con otros que apelaron a la organización colectiva.

Con su cabecera de mujeres ondeando banderas se quiso demostrar que la lucha colectiva es el único camino. ‘Que viva la lucha de la mujer obrera’, gritaron, dejando claro que este feminismo es de clase, antirracista y anticapitalista. Porque en Vallecas, como reza su manifiesto, ‘la lucha colectiva es el único camino, y esta será transfeminista o no será’.

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