Una función dinámica de tintes históricos

Parte del elenco de la función salud a su finalización. Foto: P. Lorenzo

Por Pedro Lorenzo

RIF (de piojos y gas mostaza) Texto: Mariano Llorente y Laila Ripoll. Dirección: Laila Ripoll. Reparto: Arantxa Aranguren, Néstor Ballesteros, Juanjo Cucalón, Ibrahim Ibnou Goush, Carlos Jiménez Alfaro, Mariano Llórente, Mateo Rubistein, Sara Sánchez y Jorge Varandela. Teatro Valle Inclán, hasta el 30 enero de 2022.

Montaje teatral que, desde la ironía, da cuenta del episodio de la presencia del ejército español en Marruecos tras el desastre de Annual ocurrido el 21 de junio de 1921, que se cobró la vida de 10.000 soldados españoles y que tuvo, entre otras consecuencias, la huida de Alfonso XIII y la dictadura de Primo de Rivera.

Tres soldados dan vida a los miles de ellos que fueron llevados a un país que no era el suyo a una guerra colonial para “civilizar” a unos moros salvajes y de paso quedarse con su hierro y riquezas con todo tipo de corrupciones por parte de mandamases militares, atropellos de sus derechos, violaciones de mujeres, venta de armas y toda una suerte de tropelías contra la población del RIF y su líder Abd el-Krim, antes aliado de España, y que pensaba que esta alianza favorecería el desarrollo de su pueblo. Esto no solo no fue así, sino que les esquilmaron, llevaron sífilis, piojos y segaron sus tierras y vidas con gas mostaza. Un colonialismo de hace un siglo que sigue hoy presente en el mundo y que trajo desde la devastación de Europa al capitalismo salvaje imperante en el mundo.

La función teatral es una maravilla que, a lo largo de dos horas, da cuenta de una época y, a través de diferentes espacios, muestra el esperpento y lo más ruin de una élite desconsiderada, codiciosa y machista con un patrioterismo que un siglo después ha evolucionado poco. Ante la captura de 4.000 presos por Abd el-Krin y pedir cuatro millones de pesetas de rescate, Alfonso XIII dijo: “pues sí que está cara la carne de gallina”.

La escenografía está basada en el desierto con arena en el suelo y público alrededor, una caseta, sacos terreros y montes que suben y bajan a la par que se proyectan imágenes testimoniales de la época.

Hay unas transiciones raudas y apenas imperceptibles, sin tiempos muertos. Es una función muy dinámica, dura, pero ocurrente y divertida, con música en directo, cabaret, borracheras y reflexiones de los soldados, que se cuestionan qué están haciendo allí luchando contra otros pobres. El elenco está brutal, ocho actores y dos actrices dan vida a más de 30 personajes; la escenografía e iluminación son fantásticas; y la dirección de Laila Ripoll, como siempre, extraordinaria. Una gran obra que aborda una parte de la historia de España, no muy conocida, con rigor, humor y maestría.

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