En estos meses de julio y agosto se van a generar energías, relaciones y posibilidades desde muchos puntos de vista personales y muy globales que van a poner las bases para lo que van a ser los próximos tres años. Aprovechemos julio y agosto para «meterle el diente» a «lo pendiente». Acompañemos a la construcción del nuevo mundo que ya está aquí, aunque todavía no salga en la televisión.
Según pasan los años, y a determinada edad, es muy frecuente revisar lo hecho por uno, lo vivido. Empieza a estar en el horizonte y cada vez más en el presente, el hecho de la finitud de quienes nos rodean. El que uno, en algunos años más, ya no estará en esta dimensión de existencia, con este cuerpo, en este tiempo y espacio. Entonces aparece esa pregunta, … ¿qué voy a dejar yo en este mundo?
Es sano, cada cierto tiempo, tratar de sintetizar y de reducir al máximo lo mejor que uno ha hecho en su vida hasta ese momento. Ver en qué cosas uno es muy bueno para, a renglón seguido, concretar y proyectar en una o dos imágenes lo que uno va a construir en los próximos años. Estamos viviendo un momento en que esto se puede estar acentuando y, si eso es personal y colectivo, es mucha la energía que se pueda estar creando y acumulando. Esa energía que no conocemos, que no manejamos demasiado y que a veces da lugar a momentos psicosociales como pudo ser hace 15 años la irrupción de lo que se llamó Movimiento 15M o de «Los Indignados».
Hemos de enfocarnos en amar la realidad que construimos y, antes de ello, amar cómo la imaginamos. La realidad que construimos es la que está a nuestro alcance, no el mundo global al que no llegamos, pero, sin embargo, al que necesitamos aspirar y creer que ha de llegar el momento en que lo vislumbremos.
Se van dando grandes pasos, a veces muy cotidianos y a veces no perceptibles, aquí muy cerca y en muchas latitudes. La tremenda velocidad y complejidad a la que se están dando nos dificulta tener conciencia de ello. Pero, es una realidad.
Necesitamos tener una «brújula» que nos pueda permitir con toda claridad intuir qué es cierto y qué es dudoso, qué hemos de hacer y qué no, por dónde hemos de ir y por dónde no. Para ello, hemos de ir a nuestra propia experiencia, a cómo sentimos y pensamos las cosas que hacemos o dejamos de hacer, … y desde ahí, ir calibrando y ajustando. Pero es momento de pisar el acelerador, de sentir que nos ponemos en condición de exprimir lo más posible nuestra existencia.
Es tiempo de proyectarnos sin límite.








