Por Adrián Robledo
La Asociación Cultural La Kalle lleva 40 años interviniendo en la vida de los jóvenes vallecanos para ofrecerles nuevas oportunidades y conducirles hacia un futuro mejor. La resistencia ha sido uno de los valores que ha caracterizado a la entidad desde sus inicios y uno de los pilares fundamentales para ayudar a que la juventud del barrio pueda alcanzar sus metas pese a las dificultades.
La asociación nació en el Puente de Vallecas de los años 80, una zona marcada por la marginación y por las dificultades de acceso a servicios básicos como la sanidad o la educación. Aquella década estuvo profundamente condicionada por los estragos de la heroína. Muchos niños y adolescentes, hijos de personas drogodependientes, sufrieron situaciones de exclusión social. En este contexto, La Kalle dio sus primeros pasos y decidió implicarse en la formación académica de unos jóvenes afectados por el absentismo y la desescolarización.
«Hay una brecha digital en la que no todo el mundo ha podido acceder a las herramientas digitales», señala Gonzalo Sarmiento, director del área de Programas e Innovación de la entidad. Esta desigualdad, explica, genera nuevas formas de exclusión. Asegura que, por un lado, algunos jóvenes no aprovechan al máximo las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías y las utilizan únicamente como una vía de entretenimiento. Por otro, añade, cada vez más recurren a las redes sociales para comunicarse, evitando el contacto cara a cara y aumentando la sensación de soledad.
Además, considera que el lugar de procedencia se está convirtiendo en un nuevo factor de marginación. Al respecto, dice que la llamada «prioridad nacional», defendida por algunos partidos, está siendo aplicada en determinados territorios y deja de lado las dificultades a las que se enfrentan los migrantes para llegar a España y construir un futuro mejor. «Creemos que la prioridad nacional son las personas, no necesariamente su origen», afirma Sarmiento.
La asociación trabaja para que los jóvenes sean conscientes de la realidad que les rodea y comprendan las características de la sociedad en la que viven. Entre las principales preocupaciones de este colectivo, se encuentra la dificultad para acceder a un empleo que les permita ahorrar lo suficiente para independizarse, acceder a una vivienda y disfrutar de actividades de ocio. A ello se suman los problemas relacionados con la salud mental, una situación que se agrava cuando los recursos que las administraciones destinan a este ámbito resultan insuficientes para atender las necesidades existentes.
Metodología basada en la autonomía
La metodología de La Kalle anima a los jóvenes a resolver sus conflictos cotidianos de forma autónoma, evitando que dependan exclusivamente del criterio de los profesionales del centro. La asociación apuesta por el empoderamiento juvenil y por fortalecer la capacidad de decisión de las nuevas generaciones.
«A través de ese proceso de autoaprendizaje de las personas, más adelante van a poder tener esa posibilidad de tomar sus propias decisiones», argumenta Gonzalo Sarmiento.
La Kalle inició su proceso de digitalización a comienzos de este siglo mediante iniciativas como los Centros de Acceso Público a Internet (CAPI) y los programas de formación en microinformática que permitieron a muchos jóvenes adentrarse en el entonces incipiente mundo digital. Entre los proyectos más destacados de la entidad se encuentra Reutiliza-K, una iniciativa que consiste en recuperar equipos informáticos desechados por empresas para ponerlos a disposición de personas que no pueden permitirse el acceso a estas herramientas.
Cuatro décadas después de su creación, La Kalle sigue destacando por su gran capacidad de adaptación a las circunstancias de cada momento. Su labor consiste, principalmente, en identificar las necesidades reales de los jóvenes vallecanos y proporcionarles los recursos adecuados para que puedan abrirse camino en una sociedad cada vez más marcada por la soledad y por las nuevas formas de comunicación a distancia.








