La realidad que no quieren que miremos

Las movilizaciones que se han sucedido en España y en otros países europeos el pasado mes de octubre con reivindicaciones por la educación, la sanidad, las pensiones, la vivienda, etc. han dejado bien claro que se está generando una atmósfera de clara y creciente indignación frente al presente y la falta de futuro que han generado los poderosos. La gente está diciendo de múltiples maneras ¡Basta ya!

Algunos ejemplos: en las elecciones de Serbia, una candidatura surgida hacía pocos meses desde estudiantes universitarios consiguió ser la más votada, desbancando al anterior presidente. Más allá de Europa, en Brasil, también ha sucedido en unas elecciones en las que finalmente salió como presidente Lula. En este caso, también fue decisiva la gran participación y la fuerte movilización de la juventud, que, en muy poco tiempo, revirtió la tendencia de apoyo a Bolsonaro. En Israel, Netanyahu perdió apoyo, complicando que pueda volver a gobernar.

Más cerca de nosotros, en la Comunidad de Madrid, la huelga por la educación pública digna y de calidad, que por primera vez se ha planteado como indefinida, está siendo ejemplar por su tono, imaginación y respuestas no violentas, principalmente ante las cargas policiales.

En Vallecas, la huelga general del 11 de noviembre por una vivienda digna y universal, contra el encarecimiento de la vida y en defensa de unas condiciones dignas de vida para la mayoría, se está preparando, entre otros, desde el comité unitario de la huelga general. Este está conformado por decenas de organizaciones, colectivos y espacios vecinales, sindicales y sociales, con una gran diversidad generacional, temática, de sensibilidades, etc.

Será necesario dar consistencia, fuerza y cohesión a este nuevo espacio, ya que la creciente degradación de este sistema y la oportunidad de avanzar con resolución nos ponen en clara situación de aprender a trabajar desde la horizontalidad y el nosotros. Hoy, la necesidad pasa por ir avanzando decididamente para que los procedimientos, las miradas y las actitudes vayan en la dirección de la convergencia desde la diversidad.

Existe una realidad en España, en Europa y en el mundo entero, levantada y sostenida desde la base social, una realidad con una clara sensibilidad humanista y no violenta, que en estos momentos se está abriendo paso y haciéndose visible, como nunca antes había sucedido. Esta es la realidad que los poderosos no quieren que miremos. Intuyen que su poder no lo tienen tan asegurado.

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