La mala leche

Incrédulos se quedaron los ciudadanos al comprobar que Gobierno y oposición han sido capaces, en menos de 48 horas, de ponerse de acuerdo para modificar la Constitución. Pero la incredulidad ciudadana no deriva sólo de la rapidez con que han llevado a cabo el cambio en la Carta Magna, sino por la facilidad con que han llegado al consenso quienes durante años se vienen tirando los trastos a la cabeza.

La foto de populares y socialistas, sonrientes y de la mano, ha puesto en estado de shock a numerosos ciudadanos, acostumbrados a ver a esos políticos en permanente estado de “mala leche”, gritando a los cuatro vientos sus desavenencias, generando desconfianza, hablándonos de lo profundo de la crisis, creando en suma, con sus actitudes poco patrióticas, crispación, confusión, incertidumbre, pesimismo y malestar. En fin, arrastrándonos a todos a un permanente estado de indignación.

Por todo ello, y aunque los mercados tienen parte de culpa de lo que está pasando y la burbuja inmobiliaria también, los políticos, nuestros políticos, no pueden escabullirse de su responsabilidad por habernos mostrado cada día su permanente estado de enfado, su falta de honestidad al acusar al contrario de sus errores sin reconocer los propios, sus indisimulables deseos de querer mandar, de querer gobernar, pasando por encima de lo que sea, aunque fuera a costa del malestar o el bienestar de los ciudadanos e incluso generando incertidumbre y desconfianza en el extranjero.

Ahora, estos políticos cabreados, estos políticos en continuo estado de mala leche, se sorprenden porque haya “Indignados” que no estén de acuerdo con ellos, con sus malas prácticas políticas, con su hipocresía y sus ansias de poder. Les molesta que nos hayamos enfadado, que estemos todos crispados y malhumorados; que estemos, en suma, igual que ellos.

Y eso, como no podía ser de otra manera, también les pone de “mala leche”. Sólo les falta hacerse las víctimas y acusarnos de que quienes tienen verdaderos motivos para estar “Indignados” son ellos, y no los ciudadanos. Al tiempo…

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