Por Ignacio Marín (@ij_marin)
Ya llevamos mucho tiempo advirtiendo el desmantelamiento de las fiestas de Villa de Vallecas. Varios años denunciando la estrategia del Ayuntamiento, con la Junta de Distrito como ariete, para hacer desaparecer unos festejos que detestan, que les desagradan, tanto por su ubicación, en pleno corazón del casco histórico, una zona que no les resulta estratégica por rédito electoral, como por su esencia, fiestas populares, enemigas de su ideología mercantilista.
Ya lo han intentado, insisto, en los últimos años y de diferentes modos. Uno de ellos fue reduciendo de manera progresiva la calidad de la programación, llegando a tener flagrantes diferencias con el resto de la ciudad. Otro, tratando de desplazar las fiestas del recinto ferial, para llevarlas al Ensanche, barrio más afín a sus intereses.
Pero en la larga crónica del ocaso de las fiestas vamos conociendo nuevos episodios que apuntan, en el mejor de los casos, al desinterés y a la dejación del Ayuntamiento. Por ejemplo, el concurso para adjudicar una caseta en lo que es, no lo olvidemos, un espacio público, no se publicita ni aparece en ninguno de los canales que el Consistorio sí ofrece en otros distritos. Al no hacerlo, el Ayuntamiento, y en concreto la Junta de Distrito, podría estar incurriendo en un delito de prevaricación administrativa.
Por otro lado, la comunicación del proceso tampoco es pública ni se hace a través de canales válidos. Por eso cabe preguntarse cómo se enteran ciertas asociaciones que montan caseta en nuestro barrio. Gente que ni es de aquí y que viene a hacer dinero con nosotros. Por ello, el proceso de adjudicación debería ser nulo de pleno derecho y paralizado inmediatamente. Se podría estar incurriendo, no solo en prevaricación, sino también en tráfico de influencias al beneficiar a determinadas asociaciones amigas.
Pues bien, en esta situación nos encontramos, asistiendo a la debacle de unas fiestas que fueron el orgullo de los vecinos y que hoy están desapareciendo víctima de la voracidad de un Consistorio que ataca todo lo que no huela a negocio. Hace pocos años eran unos días para disfrutar gracias al tupido tejido social que teníamos en el pueblo de Vallecas. Las fiestas de este septiembre serán, si no lo evitamos, una batalla por el beneficio en la que poco o nada importará lo que tanto nos diferenciaba, el barrio.
En los últimos años se ha reducido de manera progresiva la calidad de la programación, llegando a tener flagrantes diferencias con el resto de la ciudad








