Por Ignacio Marín (@ij_marin)
Nuestro barrio vuelve a ser noticia, no porque se haya corregido una injusticia histórica, sino porque, una vez más, se debate sobre ella sin resolverla. Y sobre un tema, además, que ya se ha convertido en recurrente. Porque el scalextric de la M-30 no es solo una anacrónica y monstruosa infraestructura. Es el símbolo más evidente de una ciudad rasgada, una cicatriz de hormigón que separa no solo barrios, sino modos de vida.
Mientras en el Pleno del Ayuntamiento se cruzan reproches, la realidad cotidiana de miles de vecinos sigue marcada por las carencias. Una situación heredada tras décadas de injusticia, tras décadas de un modelo de ciudad basado en la explotación de unos seres humanos por otros. Frente a ello, el Gobierno municipal responde con autocomplacencia y campañas que poco tienen que ver con la vida real en el distrito. Un distrito que detestan.
El debate sobre el derribo del paso elevado retrata a la perfección esta falta de voluntad política. Durante décadas, las administraciones han encontrado siempre una excusa. Antes fue la complejidad técnica, ahora el supuesto colapso del tráfico. Sin embargo, cuando se trata de soterrar vías en zonas acomodadas o de invertir millones en proyectos que embellecen el centro, las dificultades desaparecen.
La respuesta no es técnica, es política. La M-30 no solo ordena el tráfico, ordena también la desigualdad. A un lado, distritos con rentas altas, mejores servicios y mayor calidad de vida. Al otro, barrios donde la falta de oportunidades, la carencia de equipamientos y la degradación forman parte del paisaje cotidiano. El scalextric actúa como una frontera física y social, un recordatorio perenne de que hay ciudadanos de primera y de segunda. Y los discursos de la oposición seguirán siendo igual de vacíos que los de Almeida hasta que no se den cuenta de que esta lucha es, como todas, una lucha de clases.
Resulta especialmente grave que, tras años de movilización vecinal, el Ayuntamiento siga ofreciendo «remodelaciones del entorno» en lugar de abordar el problema de raíz. Es un patrón conocido, inversiones parciales, inconexas, que no transforman la realidad estructural. Se parchea lo visible mientras se perpetúa lo esencial.
Porque mientras el scalextric continúe en pie no será solo una mole de hormigón, seguirá siendo un monumento a la desigualdad. Y su mantenimiento, una prueba más de que el abandono no es un accidente, sino voluntad política.








