Por Gonzalo Nuevo, PEIR 1.º año de Enfermería FyC y Margarita Álvarez, enfermera FyC CS Entrevías
Cada pocos años repetimos el mismo gesto: cambiar de teléfono móvil por un modelo más moderno o sustituir un ordenador que funciona lento. Sin embargo, detrás de cada dispositivo que desechamos hay una realidad que rara vez vemos: los recursos naturales empleados para fabricarlo, los residuos que genera y el impacto que todo ello tiene sobre el medio ambiente y nuestra salud.
El 14 de octubre se conmemora el Día Internacional de los Residuos Electrónicos, una fecha que pretende concienciar sobre el crecimiento de los desechos tecnológicos y promover un consumo más responsable. Cada año se generan millones de toneladas de aparatos electrónicos que llegan al final de su vida útil. En ocasiones se eliminan de forma incorrecta, favoreciendo la contaminación del suelo, el agua y el aire.
Los aparatos electrónicos contienen cobre, aluminio, plata e incluso pequeñas cantidades de oro que pueden recuperarse y reutilizarse. Sin embargo, también incorporan sustancias potencialmente contaminantes que, si no se gestionan adecuadamente, pueden tener consecuencias para el medio ambiente y la salud. Reciclar correctamente estos dispositivos es mucho más que un gesto ecológico: es una inversión en bienestar colectivo.
Aparte de los residuos, las nuevas tecnologías influyen en el consumo de recursos como el agua y la electricidad. Generar un texto de 100 palabras en ChatGPT consume el equivalente a una botella de agua de 500 ml y a la electricidad para alimentar 14 bombillas LED durante una hora, según las estimaciones. Esto es así, ya que los servidores que operan en centros de datos generan cantidades masivas de calor al realizar los miles de cálculos necesarios para cada respuesta. Para evitar sobrecalentamientos, el sistema requiere enfriamiento constante, a menudo mediante mecanismos que utilizan agua para transferir el calor hacia torres de refrigeración, comparable a cómo el sudor enfría el cuerpo humano. En zonas donde el agua escasea, se utilizan sistemas eléctricos de aire acondicionado, pero a costa de un mayor consumo energético.
Tecnología y salud
La tecnología también puede afectar directamente a nuestra salud, favoreciendo el sedentarismo, alterando el descanso y aumentando problemas como la fatiga visual, el dolor de espalda o las molestias cervicales. A ello se suma la hiperconectividad, que dificulta desconectar, descansar y dedicar tiempo de calidad a las relaciones personales.
La próxima vez que pensemos en cambiar de móvil o usar la IA quizá merezca la pena preguntarnos: ¿realmente lo necesito? La respuesta puede parecer pequeña, pero de ella depende, en parte, el futuro del planeta y la salud de las próximas generaciones.
En una zona como Vallecas, donde la participación vecinal y el compromiso social forman parte de su identidad, pequeñas acciones pueden generar un gran impacto. Cuidar del planeta no depende únicamente de grandes acuerdos internacionales; comienza con las decisiones que tomamos cada día.







