Tu hijo dice que el colegio va bien. ¿Pero está bien?

Por Anabel Castro, profesora y autora de ‘Hijos más fuertes que el bullying’ y ‘Diario de mi yo adolescente’

¿Qué tal el cole? Bien. Y muchas veces ahí termina la conversación. Ha empezado el curso. Ya conocemos horarios y profesores. Pero hay algo más importante: ¿cómo se siente nuestro hijo cuando está allí? ¿Tiene a alguien con quien estar en el recreo? ¿Se siente parte de la clase? ¿Hay algún profesor con el que no está cómodo? Durante estos años trabajando con adolescentes he aprendido algo: para saber cómo están, muchas veces hay que mirar antes de preguntar.

Un adolescente puede ir a clase, sacar buenas notas e incluso reírse y, aun así, no sentirse bien. Por eso, estas primeras semanas observaría especialmente cómo vuelve a casa.
No un día concreto, sino los cambios que empiezan a repetirse. ¿Vuelve más irritable? ¿Se encierra nada más llegar? ¿Antes hablaba de algunos compañeros y ahora evita nombrarlos? ¿El domingo por la tarde le cambia el humor? ¿Cada mañana ir al instituto se convierte en una batalla? Nada de esto significa necesariamente que exista un problema, pero sí puede invitarnos a acercarnos un poco más.

También miraría cómo habla de sí mismo: «Todos son mejores que yo», «No pinto nada allí», «A nadie le caigo bien». A veces nos concentramos tanto en las notas que se nos escapa algo más importante: cómo se está viendo dentro de su grupo.
Y quizá tengamos que cambiar las preguntas. En lugar de «¿qué tal el cole?», podemos probar con: «¿con quién te sientas?», «¿quién te hace reír?», «¿con quién estás en el recreo?», «si pudieras cambiar una cosa de tu clase, ¿qué cambiarías?», «¿cuál es el mejor momento de tu día? ¿Y el peor?».

No hace falta hacerlas todas juntas. Esto no es un interrogatorio. Muchas conversaciones importantes aparecen conduciendo, cenando o en momentos cotidianos. Y cuando finalmente nos cuenten algo, quizá lo más difícil sea no intentar solucionarlo demasiado rápido.

Antes de dar consejos, probemos con: «entiendo que te haya dolido», «cuéntame un poco más», o «¿qué necesitas de mí?».

Nuestro objetivo no es controlar su vida. Es construir una relación en la que, cuando algo empiece a pesar demasiado, sepa adónde acudir. Porque muchas veces nuestros hijos sí nos están contando cómo están. Solo que no siempre lo hacen con palabras.

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