Disfrutando del sol de Vallecas

Por Cristina Palomino y Violeta Cortés, EIR enfermeras FyC CS Entrevías y CS Angela Uriarte

Con la llegada del buen tiempo, los vecinos de Vallecas llenan terrazas y parques. Pasar más tiempo al aire libre supone un placer para todos, pero ¡cuidado! Hay que prestar atención a un factor clave: el sol y sus efectos sobre nuestra salud.

¿Por qué es importante que nos protejamos del sol? La radiación solar puede dañar la piel incluso cuando no sentimos que nos estamos quemando. A corto plazo, causa quemaduras y, a largo, acelera el envejecimiento cutáneo y aumenta el riesgo de cáncer de piel. Aunque solemos asociar este peligro al verano, la radiación ultravioleta está presente durante todo el año, incluso en días nublados. Por eso, protegerse no es solo cosa del buen tiempo: la cara, por ejemplo, debería cuidarse a diario, ya que la tenemos siempre expuesta.

Aquí va un mito sobre la exposición solar que debemos desterrar. ¿Has oído aquello de que las personas con piel más oscura no se queman? Esto es falso. Todas las pieles pueden sufrir daño solar, así que la protección es necesaria, en cualquier caso.

Nuestro principal aliado es la crema solar. Se recomienda utilizar un factor de protección mínimo de 30 SPF, siendo preferible 50 SPF. Es importante aplicarla antes de salir de casa y renovarla cada dos horas, ya que pierde eficacia con el tiempo, el sudor o el roce. No hay que olvidar zonas pequeñas como orejas, cuello, labios o empeines.

Sin embargo, la protección no depende solo de la crema. Las gafas de sol, el uso de gorra y la ropa ayudan a reducir la exposición. En niños y personas mayores, estas medidas son especialmente importantes.

Altas temperaturas en verano

El verano también trae consigo altas temperaturas. En esta época del año aumenta el riesgo de deshidratación y pueden aparecer problemas como el golpe de calor. Se aconseja evitar permanecer en la calle en las horas centrales del día (entre las 12 y las 18 horas). Si no es posible, es fundamental buscar sombra y beber agua para mantener una buena hidratación.

Las personas mayores, además, suelen tener el reflejo de la sed disminuido, lo que hace que no sientan ganas de beber agua a pesar de que su cuerpo lo necesite. Otro grupo de población al que hay que proteger del sol son los niños, ya que, debido a las características de su piel, se evapora una mayor cantidad de agua y no suelen aplicarse la crema solar de forma adecuada sin supervisión. Por ese motivo, es clave que implantemos hábitos desde edades tempranas y mantengamos una vigilancia activa.

Por último, es importante vigilar la piel. Ante cambios en lunares, lesiones o quemaduras importantes, se recomienda consultar con un profesional sanitario.
Adaptar nuestra rutina al verano es sencillo y puede marcar una gran diferencia. Protegernos del sol es un gesto cotidiano que contribuye a cuidar nuestra salud y la de quienes nos rodean.

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