La epidemia eterna

Por Ignacio Marín (@ij_marin)

La historia de Vallecas está atravesada por la desigualdad. No deja de ser una tendencia repetida en las poblaciones periféricas con origen obrero. Pero en nuestro barrio, estos prejuicios, esta hostilidad, ha tenido siempre un carácter más virulento por parte del centro decisorio. ¿Las causas? Quizás haya que buscarlas en nuestra esencia luchadora y reivindicativa.

Ese encono es tangible en cada decisión de la administración. El desmantelamiento de los servicios públicos sea quizás el ejemplo más obsceno, con la sanidad como principal baluarte. Y para recordárnoslo, ahí está el scalextric del Puente, como monumento perpetuo a esa desigualdad impuesta.

Esa hostilidad tuvo a los años 80 como momento álgido. Años caracterizados por una gran actividad reivindicativa que auguraba, por fin, unas condiciones de vida dignas. Sin embargo, ese momento crucial fue arrasado por la lacra de la heroína, que encontró aquí tierra abonada para agarrarse con sus raíces de dolor y miseria, llevándose por delante a una generación de jóvenes que soñaban con un barrio a la altura de sus vecinos.

Somos muchos los que pensamos que la llegada de esa epidemia a barrios como el nuestro no fue casual. Las administraciones tuvieron una reacción sospechosamente tibia y tardía, mientras que proliferaron los casos de policías que participaron activamente en la distribución de la sustancia. El objetivo era claro, desactivar a toda una generación de jóvenes procedentes de barrios de tradición obrera y combativa. La joven democracia no se podía permitir la lucha de la clase trabajadora.

En mi nueva novela denuncio esta escandalosa realidad, silenciada como tantas otras injusticias. Quiero homenajear a toda esa generación que quiso cambiar la realidad, pero el sistema tenía reservado para ella dolor y muerte. Un sistema que prefería que esos chavales agarraran una jeringuilla en vez de una bandera en una manifestación. Se llama «Hijos del caballo blanco», porque una hermosa leyenda dice que los vallecanos somos hijos de una lechera y su caballo blanco, pero algunos quisieron que nos convirtiéramos en esclavos del temido caballo marrón, la heroína.

Durante todo mayo estaré presentándola en el barrio y en la Feria del Libro de Vallecas, recordando que esa epidemia causada por el odio la seguimos sufriendo hoy, en forma de políticas que destrozan nuestra vida. Porque la desigualdad es una epidemia eterna.

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