Por Araceli Domínguez / Redacción
Lo que comenzó como una compra de viviendas sociales por parte de un fondo de inversión a la Fundación La Caixa se ha convertido en una auténtica pesadilla para los vecinos de las calles de Mazaterón y Fresno de Cantespino, en el Ensanche de Vallecas. Su situación es crítica. David Jiménez, portavoz de las casi 200 familias afectadas, asegura que el fondo inversor ha contratado ahora a una empresa intermediaria para presionar a los residentes. «No son violentos como los “desokupa”, pero tienen todos nuestros datos y nos presionan para que aceptemos cantidades ridículas y nos marchemos antes de que finalice nuestro contrato. Es una violencia psicológica», explica a Vallecas VA.
La comunidad de vecinos se encuentra dividida, con varios casos ya fuera de contrato y, al menos, dos procedimientos judiciales abiertos. Con estos, ya hay 22 expedientes de desahucio inminente, entre ellos el del propio portavoz. «Yo sigo pagando el alquiler a los nuevos propietarios, pero ellos se niegan a negociar. Estamos en la cuerda floja», se lamenta Jiménez.
Ante esta situación, estos residentes han interpuesto una demanda por cláusulas abusivas en los contratos como medida cautelar para intentar frenar los lanzamientos. Sin embargo, los gastos judiciales se les acumulan: «En breve llegarán las primeras demandas por parte del fondo, lo que significa que necesitamos recursos para defendernos», añade.
La Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Vallekas, por su parte, denuncia que la nueva propiedad está aplicando una política sistemática de no renovación de contratos. Además, advierte de que las familias están recibiendo llamadas telefónicas y visitas presenciales, incluso en horario nocturno y durante fines de semana, en las que se les insiste en que «en breve tendrán que abandonar sus viviendas», generando un clima constante de intimidación. «En estas comunicaciones se les ofrece aceptar 6.000 euros a cambio de marcharse de inmediato. Esta práctica, conocida como “llaves por dinero”, puede ser legal si es verdaderamente voluntaria, pero en este contexto se está utilizando como herramienta de presión reiterada para forzar salidas anticipadas», añaden.

Un beso contra el desahucio
Ahora, los afectados han encontrado un aliado inesperado en el mundo de la cultura, puesto que el pasado 7 de marzo a las 19 horas, la compañía Iridiscentes representó de forma gratuita en la Asociación Cultural Al Alba (calle de Riojanos, 1) la obra El beso, con el fin de, a su finalización, recaudar fondos para una caja de resistencia que les ayude a afrontar las demandas judiciales.
La función elegida no pudo ser más pertinente, puesto que es una adaptación de un éxito neerlandés que retrata una cena familiar donde las apariencias y los secretos salen a la luz con un humor mordaz. Dicho de otra forma, es una metáfora de una situación donde las grietas del sistema se hacen completamente visibles.
«Queremos hacer visible nuestra situación. Estamos empapelando los portales para que los posibles inversores que vengan a ver los pisos sepan lo que ocurre. Pero necesitamos fondos para las demandas. Este tipo de actos son un balón de oxígeno», concluye el portavoz.
Esta iniciativa fue organizada por la asociación cultural y por el equipo de la obra, que han querido acercar la cultura al barrio para tender una mano a quienes luchan por no perder lo que un día fue su hogar.









Esta gente se ha beneficiado 20 años. Por qué iban a ser suyas más tiempo incluso si siguieran siendo sociales? frente a otras personas que pueden necesitar vivienda más que ellos. Son ellos los que 20 años han recibido subvención de facto vía chollo vivienda los que más la necesitan ahora? O hay personas con más necesidades?