Vallecas lee en sus bibliotecas: Tiempo de diálogo en la Biblioteca Luis Martin-Santos

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Las bibliotecas nos descubren mundos, nos arropan al calor de las narraciones (y la calefacción en invierno) y nos presentan un sinfín de relatos que en estos tiempos del pixel, hay que reivindicar. Para ello ha nacido en Vallecas VA esta sección a cargo de Juan Sin Credo; con él recorreremos las bibliotecas públicas de Vallecas: sus olores, recuerdos y vida interna. Un recorrido siempre acompañado de una recomendación personal de algunas de las obras que cada una de ellas alberga… ¿Te animas a seguir sus recomendaciones literarias? Venga, entra, curiosea y llévate algo, pues pasa una cosa maravillosa en estos lugares y es que los préstamos son gratuitos, ¡ni más ni menos!

JUAN SIN CREDO

La llegada de un nuevo año siempre encierra una extraordinaria ilusión por emprender aquellos proyectos que faciliten la necesidad de reconfortarse consigo mismo. En un primer momento, todavía aturdido por tanto exceso de celebración y consumo, uno se sienta, con gesto meditabundo, frente a la inmaculada agenda recién comprada, a punto de estrenarse, para rellenarla de utópicos propósitos con un bolígrafo de gel de resplandeciente tinta: dejar de fumar, comer sano, ir al gimnasio, incluso, leer, leer y leer. Leer, —escribo sorprendido—. Leer, —claro, no podría ser de otra manera—. Leer, —por supuesto, así debería ser—.

Apocalípticas estadísticas muestran cada año el paupérrimo porcentaje de la población lectora en nuestro país, que puntualiza con su vergonzante cifra, cómo la lectura es considerada, dentro de nuestro ecosistema social, una especie en amenaza de extinción. No hay que ser ningún lince, ni siquiera un lector avezado, para interpretar que este desinterés conlleva implícito un descenso precipitado hacia el abismo de la ignorancia cultural; peligroso caldo de cultivo de las ideologías extremas que florecen en los páramos del resentimiento del panorama político actual.

La lectura comporta un esfuerzo cognitivo que implica descifrar un mensaje, independiente de que su fin sea literario o no. Por encima de la ficción se encuentra la sabiduría como colofón supremo. No se trata, simplemente, de una cuestión de entretenerse con una historia, más o menos divertida, más o menos feliz. Este proceso desentraña una habilidad intelectual que  permite una adquisición de herramientas básicas en la extracción de la verdadera esencia de las cosas, para hacer frente al elevado índice de informaciones espurias que nos circundan a diario.

Por este motivo, se torna tan importante la reivindicación de la lectura como un espacio, no solo de erudición sino de convivencia. Bien es cierto que leer se plantea como una actividad individual, aislada, en soledad. Sin embargo, del mismo modo, se puede convenir que esta destreza se teje en una red de influencias con determinados aspectos temáticos de intereses comunes. Ante la pasividad y la indiferencia de una sociedad que se abandona a la virtualidad de un mundo hiperconectado, en aras de una ociosidad condenada a la holgazanería, deben emerger los medios necesarios para frenar esta inexorable caída.

Este contexto de precariedad ofrece un escenario propicio para reinventar los mecanismos de fomento y motivación por la lectura. La idea consiste en crear un censo acerca de las numerosas bibliotecas que existen en Vallecas para uso y disfrute de sus vecinos. Sus características, —como lugares de cultura y coexistencia—, deben de prevalecer para concebir unos vínculos que reflexionen sobre la identidad, alejados del aislamiento y la angustia de un ciberespacio infinito y sinuoso, repleto de vaguedades e imperfecciones. Cada biblioteca ejerce una función social de colaboración entre individuos. Ya no es, únicamente, solo una cuestión de leer o no, sino de participar en la elaboración del tejido humano que contribuya a la emancipación de las personas, libres de cualquier doctrina totalitaria encargada de anular su integridad.

Cada biblioteca de Vallecas pertenece a un rincón de nuestra existencia. Siempre presentes en el almacén inconsciente de nuestros recuerdos de imágenes pasajeras que permanecen en la retina de la memoria. Puede ser que el primer balbuceo resurja en la evocación de la biblioteca escolar de la primera infancia o la curiosidad que nos produjo esa inesperada arquitectura de un edificio integrado en un barrio humilde de viviendas funcionales. Cada biblioteca tiene su propia historia, sus recovecos intransitados; una ubicación permanente, fijada en el mapa mental de nuestro imaginario cotidiano.

Recuerdo, por ejemplo, la primera vez que visité la biblioteca de Luis Martín-Santos, situada en la Plaza Antonio María de Segovia. Aún vivía en el Puente de Vallecas y me acerqué con mi hermana a ver una exposición fotográfica de ya no sé qué autor. Me impresionó esa arquitectura de vanguardia en un entorno periférico; parecía que su construcción había sido ejecutada con una intención artística dentro de una zona de viviendas convencionales. Evidentemente, su forma llama la atención; en un primer instante sorprende, incluso causa rechazo. Según uno de sus arquitectos, «la biblioteca se plantea como una metáfora literal de los libros». El vidrio es el material principal, que se encaja a una chapa metálica de una gran onda continua para dar forma a la fachada.

Ha pasado más de una década desde esa primera impresión de extrañeza hacia una de las bibliotecas que han forjado la creación de ese espíritu colectivo, al que me he referido con anterioridad. La extravagancia inicial ha dado paso a un organismo vivo, dinamizador, que integra en sus fauces un aliento vivo y tenaz. La biblioteca Luis Martín Santos es hoy en día un referente en la Villa de Vallecas. Es un centro neurálgico del conocimiento que insufla un soplo de aire fresco a los vecinos, principalmente por el extenso catálogo bibliográfico que habita entre sus anaqueles.

‘EL ASESINO TÍMIDO’, DE CLARA USÓN

El asesino tímido, de Clara UsónUno de los tantos volúmenes que allí nos esperan, podría serEl asesino tímido’, de Clara Usón, galardonado con el premio Sor Juana Inés de la Cruz 2018, que cada año otorga la Feria Internacional de Libro de Guadalajara (México) al mejor libro escrito en español por una mujer y que han recibido con anterioridad otras escritoras como Almudena Grandes, Gioconda Belli, Claudia Piñeiro, Marcela Serrano o Laura Restrepo.

Destaca en esta novela el discurso autobiográfico, entrelazado con reflexiones acerca de autores como Wittgenstein, Camus y Pavese, aunque, principalmente, trata sobre la fulgurante ascensión de un mito erótico de la época del destape, Sandra Mozarovski, y su trágico y repentino final. Sobrevuela entre sus páginas una crónica de la Transición, encarnada en unos ídolos con pies de barro: frágiles muñecas rotas en el abuso de una jerarquía caprichosa que, —como en el caso que nos ocupa—, terminó empujándolas al suicidio.  La rumorología de la época centró el blanco de todas las sospechas en el, —por aquel entonces—, joven monarca, con el que se daba comienzo a una nueva etapa en la historia de España que parece estar llegando a su fin, debido al resurgimiento de doctrinas reaccionarias que ponen en riesgo la pacífica convivencia.

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