Recordando al «Padre Llanos»

Reportaje sobre el que fue conocido como el Cura Rojo

ROBERTO BLANCO TOMÁS.

Vino para cambiar El Pozo, pero el Pozo le cambió a él… y así pudo convertirse en figura de primer orden en la construcción de este barrio, que no olvida al que sin duda es aún hoy su vecino más conocido. Ésta fue la idea más repetida en el emotivo acto organizado el pasado 26 de abril por la Fundación José María de Llanos para conmemorar el 110º aniversario del nacimiento del «Padre Llanos», aquel jesuita que terminó militando en CC.OO y el PCE.

La inauguración del evento, a las 12:00, corrió a cargo de Federico Mayor Zaragoza, presidente de la Fundación Cultura de Paz, que presentó a Llanos como un “referente de fraternidad y misericordia”. Del saluda de la organización se encargó Miguel de Miguel, director general de la fundación. Siguió la intervención del arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, presentado por Juan José Rodríguez. El arzobispo describió al homenajeado como “Un hombre de testimonio profético, evangélico, que nos mostró con su vida la opción preferencial por los pobres”.

 

Compromiso

Mesa: "El compromiso con los ciudadanos".
Mesa: «El compromiso con los ciudadanos».

Por la tarde tuvieron lugar las intervenciones de la mesa titulada El compromiso con los ciudadanos, que agrupaba a Francisca Sauquillo (presidenta del Movimiento por la Paz), Nicolás Sartorius (vicepresidente de la Fundación Alternativas) e Ignacio Fernández Toxo (secretario general de CC.OO), presentados por Laurentino de Miguel, presidente de la fundación organizadora del evento. Sauquillo, a la que el Padre Llanos definió como “abogada valiente”, nos acercó al Pozo que encontró —y donde vivió— Llanos, un barrio considerado “zona roja” por los vencedores de la guerra, que entonces comprendía unas 1.700 chabolas, habitadas por familias numerosas que venían huyendo de distintas partes de España a causa del hambre o de la ideología política. En este barrio es donde Llanos “empieza a darse cuenta de que el mundo no era lo que él pensaba que era” y donde se va a convertir en “el Padre Llanos que conocemos”. Francisca Sauquillo narró la evolución del barrio, que llegó a tener más de 12.000 chabolas, pasando por las movilizaciones, la creación de las asociaciones de vecinos y la llegada de la droga. “En los 60-70 Llanos acogía a trabajadores, y en los 80 a gente que estaba en malas condiciones. Era una persona muy sensible y que se entregaba a los demás”, concluyó Sauquillo.

Nicolás Sartorius conoció al Padre Llanos en 1957-58, y ya no perdió relación con él hasta su muerte, por lo que pudo relatarnos de forma muy amena multitud de recuerdos. Sartorius nos contó que el Pozo era uno de los lugares en los que se sentía más seguro en los años de la dictadura —“Por la noche, la Policía no se atrevía a entrar en el Pozo”, apuntó—, y recordó cuando el Padre Llanos quiso ingresar en CC OO y acudir a las reuniones: “Nos costó Dios y ayuda convencerle de que no acudiera, pues era mucho más útil fuera de esto. Le dije que a nosotros nos detenían continuamente, y si lo detenían a él perdíamos el Pozo. Fue importante convencerle, porque seguro que le hubieran detenido”. “No se entiende CC.OO Madrid sin el Padre Llanos. Fue un ser irrepetible, que vivió en y se dedicó a este barrio entrañable”, terminó.

Ignacio Fernández Toxo felicitó a la fundación por la oportunidad del acto, reconociendo también “la relevancia que figuras como el Padre Llanos han tenido para el desarrollo de las CC.OO”. Al final de su intervención, agradeció a Llanos “su labor en la lucha por las libertades democráticas”.

 

«Profetismo»

En el acto también fue presentado un libro sobre el "Profetismo del Padre Llanos".
En el acto también fue presentado un libro sobre el «Profetismo del Padre Llanos».

Siguió la presentación del libro El profetismo del Padre Llanos 1906-1992. Entre la perplejidad y la frontera, con la intervención de José Manuel Vidal (director de Religión Digital), Cristina Almeida (abogada) y su autor, Juan Antonio Delgado de la Rosa. Todos ellos fueron presentados por Carlos Pedro de la Higuera, presidente de Gredos San Diego Cooperativa.

José Manuel Vidal se refirió a Llanos como “un santo del pueblo”, y también como “un profeta, que además creó escuela”. Para Vidal fue un profeta “de los que anuncian y de los que denuncian”, “un adelantado del Franciscanismo” (en alusión al papa Francisco), “fiel al espíritu del Concilio Vaticano II”. A continuación puso ejemplos de la “escuela” creada por el Padre Llanos, citando entre otros a Enrique de Castro y Javier Baeza, y afirmando que “también hay profetismo en San Carlos Borromeo”. Y concluyó afirmando que “los profetas nunca mueren y siempre iluminan”.

Cristina Almeida evocó —al igual que Sartorius, y también de forma muy amena— multitud de recuerdos con el Padre Llanos. “Si hoy presento a José María Llanos es porque presento a un amigo. Lo de cura lo llevaba muy discreto, pues había cosas más urgentes que hacer”, explicó. Cristina conoció a Llanos cuando vino a hacer una campaña de alfabetización en el Pozo, y Llanos le ofreció que diera clase por las tardes a las mujeres y por las noches a los trabajadores, para conseguir que todas las personas tuvieran las mismas oportunidades de acceder a la educación. “No sé si fue un profeta, pero sí fue un precursor de lo que había que enseñar”, resumió Almeida, quien también reconoció: “el Padre Llanos me ayudó a dejar de ser católica sin complejos. Él me enseñó que era más importante luchar por los hombres que por Dios”.

La alcaldesa clausuró la jornada.
La alcaldesa clausuró la jornada.

El autor realizó una intervención breve, agradeciendo a la fundación el encuentro. “Nadie puede decir que conocía a Llanos —sostuvo—, un hombre que vivía entre la perplejidad y la frontera. Creía en los derechos humanos y la igualdad. Su lucha era por la dignificación de las personas”. “Siempre escribía con cincuenta años de perspectiva como mínimo. Era una persona con una visión muy amplia”, concluyó.

La alcaldesa, Manuela Carmena, clausuró el acto. “Hoy sí voy a ejercer de alcaldesa, porque me parece que es un bonito homenaje que puedo hacer al Padre Llanos: cerrar este acto como máxima autoridad de la ciudad de Madrid”. Carmena destacó que “además de ser un profeta y todo lo que aquí se ha dicho, Llanos era fundamentalmente bueno”. La alcaldesa reivindicó esa bondad como un valor siempre necesario, en cualquier época.

 

 

La paradoja y el paradigma: José María de Llanos

MIGUEL DE MIGUEL MOREJUDO.

El “Padre Llanos” fue una persona paradigmática y paradójica. No encaja bien en ningún cliché, ni en ningún esquema simplista, como los que se hacen al uso.

Era un hombre comprometido con la búsqueda y el logro de la paz, pero igualmente era una persona con un fuerte carácter, con el que enfrentaba la realidad sin rehusar los conflictos, interiores y exteriores. Era una persona activa, emprendedora, pasional en sus obras y en sus empeños; pero a la vez, también es verdad que le recuerdo cayendo en la melancolía, en el desencanto, en estados de depresión que le duraban días. Fue un hombre de ideas claras, alguien que tuvo una visión de lo que debía ser la justicia social y supo percibir, desde la realidad del Pozo del Tío Raimundo, la realidad del país que se avecinaba; pero, desde esa misma capacidad de decisión, también estaba alguien rodeado de dudas y arrepentimientos, al que nunca abandonó una pegajosa sensación de fracaso.

Creo que todos los que compartimos mucho tiempo con él afirmaríamos que tuvo los pies en la tierra —o en el barro—, que estaba cerca de la gente, de sus casas y sus cosas; pero le apasionaba escribir poesía en su vieja máquina, leer a los clásicos o a Heidegger. Filosofaba con las obras y actuaba con las palabras.

Por encima de todo esto, tuvo una enorme capacidad de comprensión política, sin serlo él mismo, junto a una férrea fe cristina. Todas estas paradojas aparentes se coagulan en un paradigma (en su sentido etimológico: patrón o modelo digno de imitación) que yo diría que es hoy día imprescindible: Llanos fue un paradigma del poder del encuentro intelectual y humano entre lo que parecía, a priori, irreconciliable. La contradicción dialéctica de las ideas no pone en duda el diálogo como principio. Al contrario, lo convierte en herramienta transformadora. Necesitamos personas como José María de Llanos, capaces de conciliar las contradicciones y concitar los entendimientos.

 

 


Fotos: Vanessa Agustín

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