Por Adrián Robledo/ Manolo Jiménez
‘No conocí mayor victoria que contigo en una derrota’. Este mensaje, plasmado en una pancarta mostrada en el fondo rayista del estadio de Leipzig ante unos desconsolados jugadores que acababan de perder por la mínima el miércoles 27 de mayo la primera final europea en la historia del Rayo, resume el sentir de un barrio y de una afición que, tanto en Alemania como en Vallecas, se volcó con su equipo para conseguir la gesta deportiva de levantar el trofeo de Conference League. El triunfo no llegó, pero sí el respeto y la emoción de un continente hacia un club humilde que derrochó garra y entrega, y mostró su seña de identidad y su sentido de pertenencia a lo largo de la temporada. «Arriba Vallecas, esto lo ha conseguido el mejor barrio del mundo. Hoy duele, mañana dolerá un poquito menos, pero pasado nos acordaremos del camino recorrido esta temporada. ¡Vamos Rayo!», fue el mensaje de despedida que se pudo escuchar por megafonía en el estadio de Vallecas a la finalización del emocionante encuentro donde se congregaron alrededor de 15 000 aficionados. Caras de decepción, pero también de orgullo y reconocimiento por lo ya conseguido al acabar un choque que será recordado, sin duda, en la memoria de aquellas personas que pudieron vivir este momento.

El Rayo Vallecano cayó por la mínima frente al Crystal Palace (1-0) y tendrá que esperar otra ocasión para levantar su primer título. Aun así, el conjunto franjirrojo buscó hasta el último minuto el gol que forzara la prórroga, impulsado por las 11.500 gargantas que se desplazaron hasta Leipzig. Sus aficionados no dejaron de animar durante todo el encuentro, ni siquiera cuando el partido agonizaba y el sueño del empate se desvanecía con el pitido final del árbitro. Los cánticos de los hinchas presentes en la ciudad alemana estuvieron acompañados por los vítores y aplausos de los vecinos que acudieron al estadio de Vallecas para vivir esta cita con la historia.
Ambiente festivo
El ambiente en los alrededores del feudo rayista era de júbilo y propio de una auténtica fiesta. La ocasión lo merecía y el barrio se volcó con su equipo para intentar aupar a la plantilla a la cima del fútbol europeo. La avenida de la Albufera, la calle de Payaso Fofó y el mercado de Numancia, entre otros muchos lugares de Vallecas, se convirtieron en una auténtica marea rayista formada por abuelos, hijos y nietos.

El sentimiento rayista es una pasión transmitida de generación en generación: desde aquellos que acudían los domingos a las 12 de la mañana para ver a un Rayo que sobrevivía en Segunda División, hasta los niños que han visto viajar a su equipo por Europa y superar eliminatorias hasta plantarse en una gran final. Todos coreaban al unísono, como una sola voz: «¡Puto Rayo!, ¡Puto Rayo!», una consigna extendida entre los seguidores y que tiene su origen en los insultos de los radicales del Skendija durante un partido de la fase de liga de la UEFA Conference League. Vallecas empujó hasta el final a un Rayo que cayó con honor en la noche más importante de su historia reciente.
Un aficionado contaba a Vallecas VA, momentos antes del pitido inicial, que prometió a su hijo, a inicios de temporada, que le llevaría a Alemania si el Rayo lograba clasificarse para la final, pues consideraba que era algo imposible. Finalmente, el equipo superó todas las expectativas y, aunque no pudo cumplir aquella promesa, sí pudo acceder al estadio de Vallecas el día de la final.

La victoria llegó, aunque no de la forma que esperábamos. El Rayo no perdió; simplemente quedó por detrás en el marcador. El verdadero triunfo estuvo en pelear cada balón dividido, en cada carrera por la banda buscando un hueco en la defensa rival y en cada disparo que, aunque no encontrara portería, suponía un intento más por mantener vivo un sueño que no tiene techo.
Ahora toca afrontar la próxima temporada con la misma ilusión de siempre. Y toca también volver a ilusionarse con la Copa en La Cartuja. El Rayo ya sabe lo que es disputar una final y cuenta con una plantilla experimentada y mejor preparada que nunca para abordar, como los piratas que son, un nuevo gran botín.
«Que toda España fuera del Rayo era impensable»
«Ha sido una experiencia única. Llevo 59 años de abonado y, si a mí me dicen hace 40 o 50 años que el Rayo iba a jugar una final europea, hubiera dicho que era impensable. A todo el mundo, tanto en Leipzig como en Vallecas, les dije que la historia ya estaba hecha, llegando el Rayo a una final y siendo el representante de España en Europa. En la final de la Conference estaba un barrio humilde, acogedor, campechano, donde se respetan todas las ideologías y religiones. Que toda España fuera del Rayo era impensable», comenta, emocionado, a este periódico Rafael García-Navas, speaker del estadio de Rayo. «Se podía perder, porque nosotros teníamos un presupuesto de 100 millones y el Crystal Palace, de 500. La nota que le doy a la afición es un 10, porque no se puede poner más. El comportamiento que hemos dado allí en Europa ha sido ejemplar. Éramos menos y animábamos más. Siempre he dicho que posiblemente seamos la mejor afición del mundo a nivel deportivo. Y dijo posiblemente por respeto a las demás. Europa ha aplaudido a un barrio humilde, al barrio más grande de Europa», añade.

El equipo de Vallecas VA hizo un despliegue especial para vivir en primera persona el ambiente de este acontecimiento único en la historia de Vallecas, de la afición y del club rayista, antes del inicio del encuentro y luego en el interior del estadio con vídeos y entrevistas a los principales protagonistas, los aficionados y aficionadas, y su reacción antes, durante y después del encuentro.
Todo el material recabado en esa inolvidable jornada se puede ver en el Instagram del periódico a través del siguiente código QR.









