Por José Luis García Heras
En 1957, 15 años después de que se reiniciaran los procesos de emigración campo-ciudad, anteriores a la Guerra Civil, el sector de Entrevías superó la cifra de 24.000 personas, 4.000 familias alojadas en infraviviendas. Ese año de 1957 comienzan las expropiaciones para realizar la reordenación urbana y construcción de 2.950 viviendas.
Se redactó un plan de ordenación para la construcción de viviendas de renta limitada en dos modalidades de poblados, llamados de absorción y dirigido. Paralelamente, se redactó y se llevó a efecto el proyecto de expropiaciones. Se inició la construcción de un poblado mínimo de 576 viviendas, proyecto de los arquitectos Oiza, Sierra y Alvear, iniciándose la construcción en 1958. Terminadas estas viviendas en noviembre de 1959, se entregaron en su totalidad a chabolistas de la zona.
La Comisaría para la Ordenación Urbana de Madrid inició en 1957 la edificación de un poblado de absorción de 750 viviendas para limpiar el chabolismo de la zona, principalmente Barrio Obrero, Prado Lombardo y parte de Entrevías Nuevo. Este proyecto fue redactado por los arquitectos Ambrós-Escanellas, Quereizaeta y García Benito, con soluciones de viviendas de dos y cuatro plantas. Situado en una zona denominada La Viña, con amplias vistas sobre Madrid, su ordenación se hizo con criterios análogos al resto de Entrevías: por hectáreas, que agrupaban núcleos de viviendas.
Terminadas las viviendas y posteriormente las urbanizaciones a finales del año 1959 y principios de 1960, fueron estas distribuidas entre los chabolistas.
Se creó un Poblado Cooperativo de Prestación Personal, en el que participaban los propios beneficiarios, sintiéndose así responsables de la realización del proyecto y considerando su vivienda como una obra propia.
Cooperativas
En el Pozo del Tío Raimundo, “tuvieron que organizarse los vecinos en cooperativas, recabar la atención de los organismos oficiales y relacionarse con entidades públicas y privadas. Muchos vecinos quedaron al margen y algunos adoptaron una postura hostil, pero se impuso la actividad y criterio de la mayoría. Cuando se comenzó la construcción del nuevo barrio, se convocó a todos los cabezas de familia en una gran explanada y se les explicó la posibilidad de tener viviendas nuevas, calles urbanizadas, agua, luz, colegios, etc. Para ello sería necesario asociarse y la forma más adecuada sería constituyendo cooperativas. Muchos hombres se apuntaron, pero otros, llevados de su desconfianza no lo hicieron” (Esperanza Molina).
El resultado de aquella iniciativa se calificó como “satisfactorio”, y “grande” el éxito de las viviendas. Por ejemplo, el patio-jardín de entrada fue un acierto, que ha permitido a cada familia poner su sello personal, sintiéndose creadores de sus viviendas.
Es muy alentador y curioso el ver cómo casi todas las familias han dispuesto rosales y otras flores o bien parras, yedras y plantas e incluso hasta algún árbol, teniendo cada jardín algo peculiar que les distingue de los demás y nos habla del gusto de sus moradores.
Continuará…








