El humor como herramienta de memoria y crítica

La escopeta nacional. De Rafael Azcona y Luis García-Berlanga. Dirección: Juan Echanove. Adaptación: Bernardo Sánchez Salas. Teatro Español, hasta el 26 de julio

Una de las escenas de la función. Foto: Javier Naval/Teatro Español

Por Pedro Lorenzo

La película La escopeta nacional de Azcona y Berlanga es por primera vez llevada a las tablas del Teatro Español, a través de una comedia irónica, coral, satírica y mordaz con un reparto de lujo, música en directo y un ritmo vibrante que le hace justicia al guion cinematográfico. Es una gran fábula acerca del fracaso de las empresas y habla de la sociedad de 1978, cuando se estrenó, y su evolución hasta nuestros días, con el humor como una herramienta de memoria y crítica.

La historia es la cita en una cacería de todas las fuerzas vivas del postfranquismo financiada por un empresario catalán, Jaume Canivell (Pere Ponce), sobresaliente, que viene junto a su secretaria/amante Mercè Oriol (Marta Ribera), notable, para estar junto a una burguesía en declive y algún ministro de la época, para vender porteros automáticos.
Aquella comedia tardofranquista vuelve a nuestros días con fuerza. Esta sátira extravagante y surrealista entretiene y hace reflexionar acerca del pasado y el presente, los resortes del poder, y los nexos de unión y coincidencia de intereses entre los poderosos.

Además, un juego de equilibrios entre lo cómico y lo crítico retrata una sociedad caótica. A lo que se suma un guion bien adaptado y un elenco de primera con la pareja catalana que viene a vender su alma si es necesario, y salen trasquilados, el Marqués de Leguineche (Enrique Viana), soberbio, arruinado con una colección extravagante, que le destroza su nuera Chus (Luisa Martín), rotunda y agria, casada con el pusilánime hijo del marqués Luis José (Javi Coll) o el cura franquista Padre Calvo (Pedro Mari Sánchez). En definitiva, todo el elenco, los 19, incluidos los músicos, están sobrados.

Son siete cuadros que se asemejan al plano secuencia cinematográfico de los cuales solo uno transcurre al aire libre, el de los puestos de caza donde va mendigando el pobre Canivell para que le coloquen sus porteros. Los seis restantes son en interiores.

La escenografía se asemeja a la casa de la finca «Los Tejadillos», el vestuario es adecuado y todos los detalles están muy cuidados. Una obra imprescindible con ingenio, humor y vivacidad, para divertirse, gozar y reflexionar sobre nuestra historia pasada y presente. Muy recomendable.

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