Por Pedro Lorenzo
El disimulo es el centro de esta urdimbre en la que el veleta enamorado César viene a Madrid con su criado Mosquito, tras su huida por haber dado muerte a un hombre, y no le queda otro remedio que esconderse en la casa de Celia, una de sus dos enamoradas, que se brinda para darle cobijo. La cosa se complica cuando Don Félix, hermano de Celia, viene de Italia sin previo aviso y ambos tienen que «convivir» en la misma casa. Un totum revolutum explosivo, muy imaginativo y desternillante.
Se trata de una comedia de enredo a capa y espada, en la que se dan cita el amor, la honra, el honor y los celos. Una comedia de interior muy rica en matices, abierta al público, al que hace llegar a plantearse: «¿Y si todo no está tan escondido? ¿Y si todo no está tan tapado?» Juego, riesgo y sorpresa a un ritmo trepidante en el que el verso se dice y proyecta con tal claridad que parece prosa. Seis actores y seis actrices que no pueden interpretar mejor sus papeles.
El papel protagonista es el de la mujer que sabe lo que quiere, como ocurre habitualmente en la obra de Calderón, mujeres que pueden ser actrices, escritoras o empresarias, como el caso de Octavia, italiana aguerrida propietaria de la casa que alquilará a Don Félix al tener que huir de la suya. Aquí hay varias estancias, entradas, salidas, compartimentos secretos y un espejo que oculta, ve y refleja el alma del ser, alusión al cuadro de Las Meninas, donde se refleja el propio Velázquez.
Es sobresaliente una escenografía con un juego de móviles a modo de casita de muñecas, muy funcional y versátil, de Alessio Meloni; un vestuario de época con capas que también se vuelven vestidos, de Ikerne Giménez; la cálida iluminación siempre brillante de David Picazo; el sonido en directo y su diseño de Andoni Larrabeitia; y la asesoría del verso de Ernesto Arias.
Es una comedia clara, alegre y plástica que llena de felicidad al público y ejerce de bálsamo de Fierabrás que te acerca al buen teatro áureo del máximo exponente del Barroco en el Siglo de Oro español. Un gran texto en una gran versión de Carolina África y la dirección impecable de la batuta de Beatriz Argüello con un elenco sobresaliente de jóvenes de la escena más que prometedores. ¡Muy recomendable!








