A vueltas con la dignidad … de las personas mayores

El ejercicio es una de las mejores formas de cuidarse, junto a una correcta alimentación

Por Adriana Sarriés

Allá por 1948, todavía no hace un siglo, después de dos guerras atroces, se proclamó en la joven ONU la Carta Universal de los Derechos Humanos. Costó mucho, pero salió adelante el documento civil más importante del mundo moderno. Documento que continúa siendo faro o vela, según algunos, para el avance de la humanidad, Y referente en leyes, constituciones como la nuestra, acuerdos, pactos y tratados nacionales e internacionales.

Su importancia no se discute, pero es obvio que no da de sí todo lo que desearíamos. Esa carta nos dice en su preámbulo, fundamento de sus 30 artículos: “la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”.

No hay la menor duda, el ser humano de toda edad, origen, condición social y credo debe estar protegido y defendido. En este espacio me detengo en la dignidad de las personas mayores.

Recuerdos

Inevitablemente, aunque no sólo, me viene a la memoria la pandemia: ésta mostró extraordinarios comportamientos sociales como por ejemplo el trabajo de los empleados públicos, sanitarios y no sanitarios, movimientos sociales como Somos Tribu y mucha más gente volcada en la ayuda a los demás. Lamentablemente también destapó la indignidad que padecieron y en la que fallecieron miles de personas ancianas en muchas residencias: soledad, aislamiento y escasísimos cuidados. En muchos casos había órdenes de ni siquiera derivar a hospitales, como el caso de Madrid. Destapó las condiciones en las que se trabajaba en numerosas residencias. Destapó a algunas y a algunos políticos. Pero lo más triste es que nos ha destapado a todos y nuestra sociedad no ha reaccionado a semejante drama. Ni la izquierda siquiera ha hecho movimientos para resarcir un poquito semejante infamia, tampoco los Colegios Oficiales de Medicina y Enfermería, tampoco otros muchos… tampoco nosotros ciudadanos de a pie.

Adela Cortina, una de las grandes pensadoras de nuestro país, nos decía después de los dramas descubiertos: “…se ha despreciado a los ancianos. Ha aparecido una especie de gerontofobia, algunos piensan que no tienen dignidad.”

Y al hilo de su reflexión y de estos recuerdos me viene una triple pregunta casi obligada ¿hemos revisado, corregido y mejorado un poco? Habrá respuestas de todo tipo, seguro.

Pero me atrevo a afirmar que no se están revisando a fondo, los modelos de cuidados. Modelos en su diversidad: en el propio domicilio, en residencias públicas y concertadas, en los apartamentos tutelados, las fórmulas diversas de convivencia que habría que estudiar, experiencias en nuestro país y fuera de él. Desterrar la enorme desproporción entre residencias públicas y privadas, demasiado escasas las primeras. Y todo ello con condiciones dignas de trabajo y valoración social.

Algunos pensamientos

Las personas mayores somos tan humanas como cuando nacimos, pero somos otras muy distintas ¡vaya obviedad! Y entre nosotras también somos muy distintas ¡otra obviedad! No vinimos con manual de instrucciones, frase dirigida a los niños en tono jocoso. Somos diversos y con necesidades muy diversas. Infantilizarnos y “café para todos” no vale. Y tampoco vale: “el que quiera más, distinto o mejor que se lo pague”. No son respuestas para el siglo XXI en un país como el nuestro. No se trata de buscar fórmulas elitistas, ni mucho menos. Tenemos que revisar en serio y corregir, coordinar, mejorar y diversificar los servicios públicos de cuidados. Es importantísimo. Y estoy convencida de que también puede ser fuente digna de empleo.

Disponernos a transitar la vejez. Se terminó la vida laboral y con ella buena parte del proyecto de vida. Final también de bastantes relaciones. Dejamos de pertenecer a… y, poco a poco, la distancia personal se hace su sitio. Todo esto hay que descubrirlo y afrontarlo.

Sin duda, este punto admite matices y variantes. No es lo mismo terminar la vida laboral como una liberación que como una imposición, terminarla con alegría que con pena, etc…

Actividades en un centro municipal de mayores

Me parece fundamental combatir lo que algunos y algunas llaman la vejez emocional. Tiene algo que ver con el sentimiento de inutilidad. Y no hay muchas recetas, pero sí volver convencidos a nuestro valor como personas, a nuestra dignidad. Ojo con flagelarnos por ahí adentro y rebajar lo que somos. Buscar a los demás, aunque a veces sean otros, es buenísimo. Y quererlos mucho mejor.

Resistencia a la vejez

En nuestra sociedad se destaca a famosos y famosillos (por méritos propios o por otras circunstancias…) y a los jóvenes. El resto, y especialmente las personas mayores, pasamos a la invisibilidad salvo grandes fortunas o por otros intereses. Y cuando se nos menciona por algún tipo de interés se nos llama “seniors”. Pongo el ejemplo de algunos viajes donde aparece la pareja fina, guapos, pelo blanco brillante, casi sin arrugas. ¡Vaya trampas! ¡vaya marketing!.

Mayoritariamente la vejez es otra cosa, pero eso otro no vende igual. Nos queda rebelarnos y creernos la dignidad hasta el último de nuestros días.
En alguna ocasión observo ciertas resistencias a incluirnos en el sector jubilado y yo también lo he vivido. Se comprende. Por lo general no nos sentimos viejas, viejos, y nuestra cabeza va a su aire. A propósito de esto Ángela Molina decía “soy una joven vieja y una vieja joven”.

Bien pensado, ¿no será mejor aceptar, encajar y vivir la vejez sin perdernos nada de lo que nos apetezca y podamos llevar a cabo? ¿no será mejor vivir el amor con mayor consciencia?

Para terminar

Algunos han escrito sobre la “revolución de los viejos”. No creo que sea para tanto. Recuerdo que de jóvenes íbamos a cambiar el mundo y no nos dio tiempo jaja, ahora no tenemos tanto tiempo ¡qué risa!. Pero introducir algunos cambios no estaría nada mal. Por ejemplo: cuidarnos razonablemente, alimentación y ejercicio, sobre todo; creernos la dignidad y defenderla; no esconder ni disimular la vejez, que por otro lado vale de muy poco, es lo que es y somos lo que somos y como somos; querernos y querer; participar en aquello que más nos apetezca; aportar a la sociedad lo que creamos que podemos y queremos aportar; y vivir sin complejos. ¡Vivir!. Buenas fiestas navideñas. Que disfrutéis.

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