La música como homenaje y memoria

César Muela, en el mirador del Cerro del Tío Pío

Por Araceli Domínguez

En un momento en el que la producción musical parece acelerarse al ritmo de las plataformas digitales, hay obras que se crean lentamente, casi en silencio, hasta que encuentran el momento exacto para ver la luz. Es el caso del último videoclip del artista manchego, César Muela, grabado en el Cerro del Tío Pío, una pieza profundamente personal que aborda la ausencia, la pérdida y la memoria desde una perspectiva íntima, pero universal.

«Es una canción muy personal para mí, que llevaba mucho tiempo fraguándose, de hecho, muchos años te podría decir”», explica el músico durante la entrevista con Vallecas VA.

Asegura que, lejos de ser una composición espontánea, el tema nace de un proceso emocional complejo, marcado por la dificultad de aceptar la pérdida de un ser querido: «No era capaz de terminarla, porque todavía me dolía incluso el hecho de aceptar que alguien que era un ser querido en mi familia ya no estaba».

El video musical, ambientado en uno de los miradores más emblemáticos de Puente de Vallecas y de Madrid, no es una elección casual. Este espacio funciona como un elemento simbólico clave dentro de la narrativa visual. «Me parecía un sitio como para estar más cerca, ¿no?, de todos los que no están aquí», afirma César. La ubicación no solo aporta una dimensión estética, sino también emocional: altura, cielo y horizonte se convierten en metáforas de conexión con quienes ya no están.

La estructura del videoclip refuerza esta idea. Según el propio artista, «la primera parte empieza muy íntima y muy a piano», representando un diálogo interno, mientras que la segunda, grabada en el cerro, rompe con esa introspección: «Era como que se lo quiero gritar a los cuatro vientos, subir a un punto muy alto para poder gritarlo fuerte». De este modo, el dolor individual se transforma en una expresión compartida, casi liberadora.

Uno de los aspectos más destacados de la obra es su capacidad para convertir una experiencia personal en algo con lo que otros pueden identificarse. «Es abrirte en canal, enseñar lo que sientes», reconoce. Hacer pública una herida emocional implica revivirla, pero también resignificarla: «Acabar la canción significaba asumir que esto era real».

Esa honestidad ha tenido un impacto directo en el público. Tras la publicación, muchas personas han proyectado sus propias experiencias en la canción: «Gente que me decía ‘yo me acuerdo de mi abuela’, o a cualquier ser querido». Así, la obra trasciende su origen individual para convertirse en un espacio común de duelo y recuerdo.

El artista, que también ejerce como periodista, reflexiona sobre las diferencias entre ambos lenguajes. Explica que mientras que el periodismo exige claridad y desarrollo, la música permite condensar las emociones: «No hace falta escribir 50 párrafos para expresar un sentimiento». La melodía, la armonía y el tono actúan como vehículos emocionales que amplifican el mensaje. «La propia música te suena alegre o triste y acompaña mucho a lo que estás diciendo», apunta.

Provocar una emoción

En última instancia, el objetivo de la canción es sencillo, pero profundo: provocar una emoción. «Que la gente no se olvide de los que se han ido», señala. Más allá del homenaje, este tema invita a mirar hacia adelante sin perder el vínculo con el pasado. «Es un homenaje mirando al pasado, pero sin perder de vista el futuro», sentencia.

En un contexto donde muchas canciones pasan desapercibidas, esta propuesta reivindica el poder esencial de la música: hacer sentir. Como concluye el propio artista, «que una canción te haga sentir algo, eso ya es un objetivo más que conseguido».

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