Por Isa Mendi
Ignacio Marín, escritor y colaborador de Vallecas VA, sigue adelante en su aventura literaria con la publicación de su tercera novela, Hijos del Caballo Blanco. En esta entrevista reconoce que llevaba tiempo queriendo escribir sobre el tema de la heroína que tanto sufrimiento y tantas vidas destrozó en Vallecas en los años 80.
Pregunta: ¿Cómo surgió la idea de escribir su tercera novela y titularla Hijos del Caballo Blanco?
Respuesta: Una vieja leyenda señala a los vallecanos como descendientes de una vendedora de leche y de su caballo blanco. En vez de ofendernos, lo adoptamos como sinónimo de coraje. Pero en los años 80, en vez de hijos del caballo blanco, nos convertimos en esclavos del caballo marrón, la heroína. Esta novela busca homenajear a todo el barrio y en especial a la gente que sufrió aquellos años tan terribles.
P. ¿De qué trata Hijos del Caballo Blanco?
R. En esta novela viajamos al año 1983 de mano de diferentes personajes, de distintas edades, orígenes y maneras de interpretar la realidad. De hecho, cada uno de ellos vivirá a su manera una época no solo marcada por la heroína, sino también por el paro, la desindustrialización o la violencia política, mientras que el relato oficial se centraba en la Movida madrileña, que disfrutaba ajena a los problemas que sufría la sociedad. Los vecinos, hartos de la situación que viven a diario, investigarán el circuito de la droga hasta sus últimas consecuencias.
P. ¿Por qué eligió un tema tan duro como el efecto devastador de la heroína en Vallecas?
R. La literatura es para mí una forma de tratar determinadas cuestiones de la historia reciente que han sido olvidadas o directamente silenciadas, en especial en barrios como el nuestro. Lo concibo como un ejercicio de memoria que en nuestros tiempos resulta más que necesario.
P. El libro también tiene su poso de denuncia. Usted ha comentado que hubo pasividad institucional ante la irrupción de esta droga para desactivar la conciencia política y la movilización de la clase trabajadora, ¿en qué basa esta afirmación?
R. Pasividad en el mejor de los casos. Creo que el estado fue agente activo y se lucró de la extensión de la heroína en barrios obreros de todo el país, una teoría que mantienen diversos colectivos sociales y autores. El estado prefería que los jóvenes tuvieran una jeringuilla en la mano que una pancarta en una manifestación, una frase que me resulta escalofriante y que fue la que me animó a investigar y escribir sobre este asunto.
P. ¿Cómo ha sido el proceso de elaboración? ¿Qué parte fue la más difícil?
R. Esta novela mezcla el género negro y social con la crónica periodística, por lo que tuve que hacer un extenso trabajo de documentación, no solo de fuentes como prensa y obras sobre aquella realidad, sino también de testimonios de gente que sufrió esos años. No quería en ningún momento caer en la frivolidad, sino ser respetuoso con aquel episodio tan complejo. Serán los lectores los que me dirán si lo he logrado.








