«Perdí todo y acabé en la calle, pero hoy vivo en sobriedad»

Entrevista a Antonio C., alcohólico en recuperación

Antonio, durante su trabajo

Por Grupo 24 Horas AA Madrid

Antonio C. es fontanero y conoce bien lo que significa tocar fondo. Durante años, su vida giró en torno al alcohol, la cocaína y el hachís, hasta el punto de perderlo todo. Su enfermedad lo llevó a la calle y a una espiral de autodestrucción que parecía no tener salida. Sin embargo, gracias a la ayuda de su familia y al Grupo 24 Horas de Alcohólicos Anónimos Madrid, vive una realidad completamente diferente. Ha recuperado su trabajo, ha vuelto a vivir con su madre y, sobre todo, ha descubierto un propósito de vida en sobriedad. Aquí nos cuenta su historia.

Pregunta. ¿Cómo comenzó su relación con el alcohol y las drogas?

Respuesta. En el colegio, pero fue mi trabajo de fontanero lo que me enganchó más. Beber se convirtió en una rutina diaria: por la mañana, la copa; en el almuerzo, cerveza; después vino con casera; y en ocasiones, cocaína. No veía esto como un problema, sino como algo normal.

P. ¿Cómo afectó esto a su trabajo y relaciones?

R. Necesitaba beber para relajarme y al final no podía estar sobrio en ninguna situación. Perdí trabajos y me aislé. Mi vida se volvió una rutina de alcohol que deterioró mis relaciones laborales y personales.

P. ¿Qué le llevó a perderlo todo y acabar en la calle?

R. La muerte de mi padre fue el golpe definitivo. Él murió en mis brazos y sentí que moría con él. Mi consumo se descontroló aún más. Perdí mi trabajo, me alejé de mis amigos y pasé años sumido en la locura. Mi madre, cansada, me echó de casa y empezó mi vida en la calle.

P. ¿Cómo llegó a esa situación?

R. Mi madre aguantó mucho, pero llegó un momento en que ya no pudo más. Tras un ingreso en psiquiatría, volví a beber y me cortocircuité completamente. Un día casi agredo a un vecino, y ese fue el punto final. La policía me sacó de casa con una orden de arresto. Ahí comenzó mi vida en la calle.

P. ¿Qué le impulsó a buscar ayuda?

R. No la busqué por mí mismo. Fue mi hermano quien me encontró después de casi un año en la calle. Conoció a alguien de Cáritas que me habló de un lugar de apoyo para personas como yo. Al principio dudé, pero el cariño de los compañeros me hizo quedarme. No fue fácil, pero el grupo y Dios me ayudaron a salir adelante.

P. ¿Cuáles fueron sus mayores desafíos en su recuperación?

R. El mayor, no rendirme. Hubo muchas veces que quise salir del programa, pero mis compañeros estuvieron ahí para decirme la verdad a la cara. La enfermedad te juega malas pasadas y pasé muchas horas solo, pero eso me salvó. El apoyo de mi madre también fue clave. Un día me llamó para decirme que había preparado una habitación para mí, pero yo sabía que necesitaba más tiempo. Aun así, el cariño de mi familia y compañeros me mantuvo firme.

P. Ahora que ha recuperado su trabajo y vive con su madre, ¿cómo ha cambiado su relación?

R. Es la mejor que hemos tenido. Respeta mi proceso, ha conocido a mis compañeros y ahora hay sinceridad y compromiso. Mi madre está tranquila porque sabe que estoy bien. Hace poco me dijo que ya no se siente sola, porque ha encontrado una familia en la asociación, al ver que sus dos hijos estamos en el programa.

P. ¿Qué mensaje le daría a quienes luchan contra el alcoholismo?

R. Que lo intenten, porque merece la pena. A mí me ha cambiado la vida. No ha sido fácil, pero es lo mejor que me ha pasado. La enfermedad siempre estará ahí, pero el grupo me ha dado una nueva oportunidad. Como decimos en el grupo, esto es para el que más lo quiere, no para el que más lo necesita.

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