Cultura y educación en la paz y en la noviolencia

Una de las actividad con motivo del Día Internacional de la Paz, en un colegio de la capital

La disyuntiva cada vez se hace más evidente: paz creciente o destrucción creciente; noviolencia o violencia. También cada vez se hace más evidente que confiar en quienes gobiernan el mundo es una ingenuidad y una irresponsabilidad. O tomamos las riendas de nuestras vidas, o vamos al suicidio colectivo.

Ante tanta locura de violencia e hipocresía desatada, lo único que queda es redoblar la propia responsabilidad y compromiso por hacer del día a día un reto en el que se exprese la paz y la noviolencia. Y no queda otra. Esto, además de ser una actitud personal de vida, ha de plasmarse en una actitud social y barrial.

¿Seremos capaces de parar las guerras y esta violencia enloquecida? ¿Seremos capaces de vivir o de dejar un mundo en el que lo importante seamos los seres humanos? Sin ninguna duda que llegaremos a ello. Serán las actuales generaciones de niños, adolescentes y jóvenes quienes lo vayan a capitanear. Y será desde una naciente cultura y educación en la paz y en la noviolencia. Cultura y educación que se han de ver, escenificar y vivenciar en nuestras calles y plazas. Es en el barrio donde se refleja lo que vamos siendo.

No hay tiempo que perder. Nuestra existencia deja su huella día a día y esta puede ser vacía o semilla para las nuevas generaciones que ya vienen empujando para poder tener su lugar y su espacio. Estamos en esa coyuntura que cada vez aprieta más. Es necesario buscar en el propio interior ese algo que nos sirva para que nuestro día a día tenga sentido, sensación de futuro y, pese a los infortunios, no caigamos en el desánimo y en la desazón.

Mirémonos al espejo y digámonos hoy, como ayer: pondré todo lo que pueda de mi parte para sumar a ese mundo, a ese barrio anhelado por mí y por tanta buena gente que conozco.

Sírvanos de ejemplo, entre otros muchos, al menos un par de realidades vallecanas que estos días atrás hemos visto en la televisión. La plataforma Vallecas está harta estuvo presente en «la Revuelta», denunciando el abandono institucional de nuestros barrios. Y Antonio «Toni» Fernández Gabarre, joven vecino de Cañada Real, fue galardonado como Mejor Actor Revelación en los Goya, por su papel en la película Ciudad sin sueño del director Guillermo Galoe, que trata sobre la vida en la antigua vía pecuaria.

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