Un año de oscuridad, un año de dignidad vecinal

El pasado 2 de octubre se cumplió el primer aniversario del corte del suministro eléctrico en la Cañada Real

Una de las intervenciones en el acto reivindicativo. Foto: Alberto Astudillo

Por J. Arguedas/ I. Mendi

A Cañada Real ha llegado el otoño, pero lo que no vuelve es la luz cuando se cumple el primer aniversario del corte del suministro eléctrico, el 2 de octubre de 2020. Un año de oscuridad, pero también un año de dignidad vecinal a lo largo del cual los más de 4.000 vecinos afectados, 1.800 de ellos menores, han reclamado hasta la saciedad a las administraciones y a la empresa Naturgy una electricidad que dignifique en parte sus complicadas de por sí condiciones de vida. Durante este tiempo, han tenido que sobrevivir a una pandemia, al crudo invierno agravado por el paso del temporal Filomena y a las olas de calor del tórrido verano, entre otras múltiples adversidades.

Esta fecha llega días después de que la Delegación del Gobierno presidiera la constitución del grupo de trabajo interministerial sobre la Cañada Real Galiana, el 28 de septiembre, para coordinar la actuación de los distintos órganos y departamentos implicados, tal y como se comprometió el Gobierno de España ante la ONU. Además, la reunión de los comisionados con los vecinos afectados celebrada el miércoles 29 de septiembre no supuso avance alguno. Es más, según cuentan algunos de los asistentes, sus interlocutores les dijeron públicamente que no habrá luz.
De forma paralela, un juzgado investiga la falta de suministro eléctrico en la Cañada Real en el proceso penal que enfrenta a este vecindario a Naturgy y a la Comunidad de Madrid. El Gobierno regional siempre ha vinculado los cortes al conflicto relacionado con los cultivos de marihuana. La denuncia fue interpuesta por familias del Sector 6 que consideran que el mencionado corte puede constituir delito de coacciones sobre la vivienda, trato degradante, lesiones y daños. La misma apunta a la presunta responsabilidad en los hechos por parte de Naturgy y de la Comunidad de Madrid, administración con las principales competencias en la zona, dado el incumplimiento del Pacto Regional que establece la garantía del suministro eléctrico.

Acto reivindicativo

El último de los actos reivindicativos de los vecinos de Cañada Real, organizado por la Asociación Tabadol en colaboración con la Asamblea por la luz Cañada Real, tuvo como escenario el campo de fútbol del Sector 6 el pasado 2 de octubre. “El Pacto Regional está totalmente muerto y fracasado. Es todo mentira. Es lamentable que el comisionado ya esté hablando abiertamente diciendo que la luz no va a volver. ¿Si el Pacto Regional dice que hay que garantizar los suministros básicos y si eso realmente es competencia de una entidad privada, por qué los políticos se atreven a afirmar algo que ahora dicen que no es competencia suya?, se preguntó el presidente de la asociación vecinal del sector 5, Ángel García.

Cinco menores siguen desde la distancia el acto reivindicativo del 2 de octubre. Foto: Alberto Astudillo

“Después de un año sin luz, vemos que se ha reactivado la asamblea de asociaciones y colectivos. Que no le quepa duda a nadie que esto, tardemos más o tardemos menos, pero esto se va a regularizar le cueste a quien le cueste”, aseguró Miguel Martín, vecino del sector 5.

Vallecas VA ha querido conocer de primera mano cómo ha sido vivir sin electricidad durante 365 días en este enclave de la capital a través de los testimonios de los vecinos y de los trabajadores que desarrollan su labor en la Cañada Real.

Equipo de Intervención en Población Excluida (EIPE)

“Es admirable la lucha que han tenido las mujeres. Esa cohesión, esa organización, esa forma de lucha, esa militancia, es admirable. Lo que significa un corte de luz durante un año, son muchas cosas malas. En verano hubo un momento de tregua en el que algunas familias pusieron placas solares, pero no todas. Y se ve venir de nuevo todo lo que ya hemos pasado. Otra vez deficiencias respiratorias que se van a volver a complicar, por la humedad, las lluvias, el frío. De nuevo, los métodos de calefacción por combustión con nuevas intoxicaciones. Todo esto va a volver a suceder si no vuelve la luz. Son conscientes de esa supervivencia que han tenido que hacer durante esos meses de frío. Veremos ahora que pasa durante el invierno”.

Los asistentes a la última protesta en el campo fútbol del Sector 6. Foto: Jesús Arguedas

Vecinas mediadoras de Barró

“Lo difícil que ha sido vivir el día a día. Lo más importante ha sido la necesidad de superación que hemos tenido que buscar para poder seguir adelante, apoyándote en las entidades, cuando tendría que ser el gobierno. Son ellos los que te tendrían que dar los derechos. Cuando ellos se hacen los sordos, es mucho más difícil. Es como un huérfano que se queda sin padre y sin madre”.

“Este año no lo voy a olvidar nunca. Un año muy duro, donde se han visto las dificultades. Cañada en sí misma ya tenía dificultades, encima ahora sin el suministro eléctrico, aún más. Hemos tenido que luchar por nuestros derechos, porque no se nos han dado, hemos tenido que salir adelante nosotros mismos. Hemos demostrado la solidaridad que hay en Cañada. Cuando pasó lo de la luz, no importaba ni la cultura del otro, ni saber si éramos rumanos o gitanos, éramos personas luchando por sobrevivir. Es lo más grande que nos pasó. Es la riqueza. La unión la hemos tenido que hacer por el abandono institucional que hay. Nos sentimos más unidos porque es una causa que nos ha tocado a todos”.

Monitores de la Asociación El Fanal

“En lo académico se ha complicado mucho, sobre todo con el confinamiento. Mandaban muchas tareas online y en octubre empezó lo de la luz y tuvimos muchos problemas para que pudieran hacer los trabajos y los deberes como cualquier otro niño en el ordenador. Hemos ayudado mucho a las familias. Han puesto su empeño, su esfuerzo, su trabajo, se ha visto que han dado frutos en la mayor parte positivos. Ante la adversidad se han hecho mucho más fuertes. Esto lo hemos hablado con ellos y con sus familias. Ellos lo saben y nosotros se lo decimos. Ellos son los campeones y campeonas”.

Dos adolescentes de 17 y 19 años de edad

“Nos hemos defendido porque ahora nosotros estamos diciendo que queremos pagar la luz y ellos no, ahí es donde nosotros quedamos bien. Ellos no tienen la razón de quitárnosla porque somos humanos. Tú tienes luz, yo no; tú la pagas, pero yo la quiero pagar. Nos quieren echar a la fuerza, pues nos vamos a quedar aquí y ya está. Irnos de aquí, donde hemos crecido toda la vida y hemos pasado nuestra infancia …no tiene gracia. Estábamos acostumbrados a estudiar o ver la tele o ducharte todos los días. Somos 7 en casa, 7 personas, pero el butano no nos da. Ahora tienes que estar dos o tres días sin ducharte cuando antes te duchabas a diario, tranquilo con tu calefacción. Unión sí que ha habido en el plan de que mi padre, mis hermanos y yo íbamos a coger madera entre todos. Y antes no nos reuníamos tanto, pues ahora entre todos tenemos que aportar en casa madera o lo que sea”.

La intervención del presidente de la asociación vecinal del Sector 5, Ángel García. Foto: J. Arguedas

Joven de 19 años

“A pesar de estos problemas que hemos tenido con la luz, hemos seguido con nuestros estudios y nuestras vidas normal y corriente, pero un poco doloridos porque nos hemos sentido menos que alguien, menos que otros. El año pasado mi profesora estaba dando clase en unos barrios de Madrid y dijo que el barrio abandonado de Madrid es la Cañada Real Galiana. Parece que vivimos en el mundo al revés, porque somos muy amables, gente buena, honesta, honesta, pero parecemos los malos, que vendemos droga y no vendemos nada. Nuestros padres son obreros, albañiles de toda la vida, y los mejores”.

UN COMPROMISO PERSONAL

«En mi discurso de toma de posesión, hace seis meses, dije que la Cañada Real es el “gran drama de nuestra Comunidad y una cuestión de dignidad que afecta especialmente a mis convicciones personales”. Y añadí que “si hay que hacer oír a alguien, los primeros que lo merecen son los 1.800 niños, 200 menores de dos meses, que malviven” allí.

¿Qué hemos hecho hasta ahora? Sentar las bases de cómo queremos ir resolviendo esta emergencia social. Y remarco lo de social porque si únicamente fuera un problema policial, como pretenden algunos, la solución sería ‘fácil’ de resolver.

Durante estos meses me he reunido con los alcaldes de Madrid y de Rivas, con la consejera de Medio Ambiente y Vivienda de la Comunidad, así como con diversos cargos de la Administración General del Estado, además de con voluntarios y mediadores sociales que trabajan sobre el terreno. Asimismo, desde el martes 28 de septiembre está constituido el grupo de trabajo interministerial para coordinar la actuación de las distintas administraciones del Estado, tal y como se comprometió el Gobierno de España ante la ONU.

Forman parte de este grupo, que coordino yo misma, el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana y el Alto Comisionado para la lucha contra la Pobreza Infantil. Cabe recordar que la Administración General del Estado no tiene competencias en materia de realojos ni de suministro eléctrico, aunque trabaja para dar una respuesta integral a los compromisos respecto a la Cañada Real.

Paralelamente, la Delegación del Gobierno está en conversaciones con las otras administraciones con el fin de revisar y fortalecer los acuerdos del Pacto Regional por la Cañada Real Galiana, suscrito en mayo de 2017, por la Administración General del Estado, la Comunidad de Madrid, los Ayuntamientos de Coslada, Madrid y Rivas Vaciamadrid con el fin de acelerar el proceso que permita conseguir, en un plazo de tiempo razonable, acometer las reformas estructurales necesarias para garantizar plenamente los derechos de las personas que viven en ese asentamiento.

Como decía al principio, no he olvidado el compromiso personal que adquirí con nuestros vecinos de la Cañada. No sólo no lo he olvidado, sino que desde el primer momento nos pusimos manos a la obra. No será fácil ni rápido, pero no descansaremos hasta conseguirlo». 

Mercedes González, delegada del Gobierno en Madrid

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