“Nos dejan vivir aquí, pero nos dicen que no existimos”

Un adolescente muestra un cartel para expresar las dificultades a las que se enfrentan

La realidad del sector 6 de la Cañada Real contada por sus jóvenes protagonistas

Por Alberto Astudillo

En el momento en el que hablamos con un grupo de adolescentes del sector 6 de la Cañada Real llevaban más de 23 días sin luz debido a la falta del suministro eléctrico por el corte de luz. Al cierre de esta edición, la electricidad hacía tres días que había vuelto tras más de un mes a oscuras en un rincón de Madrid donde la vulneración de derechos humanos y el desamparo forman parte de su cotidianidad.

Algo que contrasta con el esfuerzo y con la dignidad con el que las vecinas y vecinos consiguen salir adelante.

‘La luz lo es todo’ es la proclama que estos días centra el debate, ya que como plantean las personas entrevistadas, ésta “afecta a la comida (sin frigoríficos la compra de alimentos frescos debe ser diaria), a los estudios, ¿cómo vamos a ir a clase así? (…) no es normal tener que lavarse calentando agua en un cubo… esto si no lo vives no puedes entenderlo. Ya teníamos que levantarnos pronto porque el autobús de la ruta sale muy pronto, ahora más todavía, Vas de mala gana al instituto y al final terminas discutiendo con los profesores”.

Lo que denotan estas palabras son las dificultades que afectan a un barrio que, para acceder a derechos básicos como la educación, primero han de sortear todo tipo de obstáculos y carencias en cuanto a servicios públicos de movilidad, limpieza o correos, entre otros. Una situación que, en época de pandemia y con menos horas de luz natural, repercute de manera brutal sobre el rendimiento escolar de estas estudiantes a las puertas del acceso a estudios superiores.

“Cuando salgo del instituto, tengo que estar con las mujeres para solucionar el tema de la luz. Hay muchísimos estudiantes aquí en Cañada. Vamos a Bachillerato y tenemos solo hasta las siete para estudiar, no hay luz, tenemos que ir a la biblioteca y hasta las 22 horas no llego a casa, y cuando llego, me ducho con cubos y a dormir (…) El Bachillerato es duro, y sin luz y sin wifi con clases semipresenciales, ni te imaginas. Ayudamos a nuestros hermanos pequeños a estudiar y a hacer los deberes con una vela”, comenta uno de los jóvenes.

Lejos de sólo denunciar, el grupo de adolescentes analiza una situación de vulneración de derechos que repercute en el estigma social que tiene el barrio y que algunos medios de comunicación han ayudado a construir. Desde periódicos o telediarios que les tildan de “salvajes o sucios” hasta otros artículos que vinculan hechos aislados como el cultivo de marihuana como causa del corte de la luz con la realidad de todo un vecindario. “Yo no vendo, a mí ¿qué me implica la marihuana?. No solo hay gente que cultiva marihuana, hay gente humilde que quiere salir adelante (…) Somos un barrio marginal porque quieren que lo seamos, nosotros lo intentamos, pero no nos dejan”, explican.

Otra de las situaciones a las que se han enfrentado debido a los cortes de luz

Hechos que vienen refrendados por las madres de estos adolescentes que confirman la escalada de racismo aparejada a estos estereotipos: “Hay mucho racismo, cuando llegaron los niños al colegio los profesores se sorprendieron porque los niños eran normales. Esto nos lo confesó uno de los profesores. Decían que estaban preocupados por lo que les iba a llegar de Cañada y que estaban aliviados porque al final eran niños muy buenos”, señalan.
Una compleja situación vivencial en el que el grupo de adolescente nos relató cómo se sentían en un limbo en el que “ni se legalizan las viviendas ni nos realojan”, en un estado de desamparo legal que no es ajeno a las instituciones como el Comisionado del Gobierno de la Comunidad de Madrid que consideran que respondió con el silencio administrativo. A su juicio, es un agravante al estigma social con el que ya vive la Cañada y que afecta la identidad de sus habitantes “Nos dejan vivir aquí, y nos dicen que no existimos”, dicen con rotundidad.

Demandas claras
Sus demandas son claras y responden a una garantía de derechos (educación, luz, vivienda, etc) y su protección por parte de las instituciones públicas que ya viene recogida en el Pacto regional por la Cañada Real Galiana, un documento redactado por la Comunidad de Madrid en 2017, en el que los Gobiernos central y autonómico y los municipales de Madrid, Rivas-Vaciamadrid y Coslada se comprometían a responder a dichas peticiones.
Problemáticas que no avanzan a la velocidad requerida y que, lejos de resolverse, se vienen anquilosando ante los ojos de unos jóvenes que sólo quieren “que nos escuchen, yo solo quiero seguir estudiando, terminar la ESO, y hacer una carrera. Queremos ayuda del Ayuntamiento, no de las fundaciones, si se solucionaran los problemas del barrio no dependeríamos de las fundaciones (…) La policía nos dice que su trabajo es mantener el orden, pero debería ser proteger nuestros derechos”, apuntan.

En definitiva, quieren “Que se cumpla el pacto de Cañada para el realojo, derechos y dignidad hasta el realojo de los vecinos”. El Pacto Regional por la Cañada Real Galiana se puede consultar en: https://www.comunidad.madrid/servicios/urbanismo-medio-ambiente/pacto-regional-canada-realgaliana

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