La Presilla, más de 96 años al servicio del barrio

'Hagamos de Vallecas un barrio ideal' o 'Los mejores comercios de Madrid están aquí', dos de los lemas del establecimiento

Por Isa Mendi

La Administración de Loterías número 101 de Madrid, La Presilla (calle de Antonio Calas, 17), que también es un estanco, celebró el pasado julio su 96 aniversario abierta al público. Con motivo de esta fecha, Vallecas VA hace un repaso a su trayectoria casi centenaria con su responsable, Víctor M. de Francisco, nieto del fundador de este negocio emblemático del distrito de Puente de Vallecas. Asegura que se sienten unos privilegiados y que están orgullosos y super contentos de trabajar en Vallecas.

P: ¿Cómo definiría La Presilla?

R: A parte de ser un estanco y una administración de lotería, es un comercio tradicional que lleva toda la vida en el barrio. Estamos lógicamente para ganar dinero como cualquier comercio, pero también para prestar servicio y para formar ese tejido comercial que todo barrio necesita.

P: La vida de la administración ha estado ligada a la de Vallecas, ¿cómo han vivido la transformación del distrito?

R: Claro que ha estado ligada a la vida de Vallecas. Lo que ha conseguido ha sido desligar a alguno, porque a más de uno le hemos dado un buen premio que le ha servido para irse del barrio (risas). En serio, nos sentimos parte del barrio. Ha habido muchas trasformaciones. Hace años Monte Igueldo, la Albufera, eran un arrabal, las afueras de Madrid. Luego se convirtió en una zona super comercial. Cuando yo era muy pequeño, me acuerdo que había tiendas de lámparas, comercios, pastelerías, relojerías, había de todo. Esto era un no parar. La Presilla tenía una tienda de regalos en la esquina, hoy es una frutería, antes una papelería que vendía el toro y la gitana para ponerlos encima de la tele. Había muchísimo paso. Luego llegaron los años chungos, la droga, la movida y la zona crió una fama bastante mala que todavía le precede y fueron tiempos bastantes difíciles. A partir de ahí, se ha convertido en un barrio humilde, pero todavía muy comercial. Sobre todo, por las mañanas, es un barrio por el que da gusto pasear.

Victor M. de Francisco, junto al mostrador de su negocio

P: ¿Se sienten orgullosos de trabajar en Vallecas?

R: No solo orgullosos, sino que nos sentimos embajadores de Vallecas allá a dónde vamos. Si estamos fuera de Madrid, la respuesta a ¿de dónde eres?, no es Madrid, sino Vallecas. Me siento orgulloso de haber vivido, de trabajar aquí y de la gente del barrio.

P: La Presilla ha vivido una guerra, varias crisis económicas mundiales y ahora esta cruel pandemia, ¿cuál ha sido su secreto para salir adelante?

R: Mi padre siempre decía que éste era un negocio pesetero. Que suena muy raro, pero que venía a decir que es un negocio que se ganan pesetillas, poquito a poco, pero no se deja de ganar. Que la gente que venía a enriquecerse y a ganar dinero rápido y tal, pues que solía fracasar. Es mejor la constancia y muchos poquitos. Con el tiempo es un poco así, no se gana mucho dinero, pero es bastante estable. Yo aporto otra clave fundamental, que son los clientes.

P: En los tiempos que corren no es muy habitual que un comercio de barrio llegue a casi centenario, ¿se sienten unos privilegiados?

R: Por supuesto. No está al alcance de muchos llegar a cumplir 100 años. De hecho, con la que está cayendo… estamos un poco asustados y esperemos que podamos llegar. Esto no habría sido posible sin nuestros clientes que, en definitiva, son el barrio. En el caso de la lotería, es verdad que hay clientes de fuera, gente que es muy fiel y que nos llama desde cualquier punto de España para comprar sus números y décimos para Navidad. Pero en el día a día los vecinos son los que nos mantienen en pie. Somos privilegiados y estamos orgullosos y supercontentos.

P: Es difícil en 96 años de vida, pero con qué se quedaría y aquello que preferiría olvidar

R: Me quedaría con las relaciones personales, que empiezan siendo comerciales y acaban siendo de amistad, con el cariño que demuestran los vecinos no solo conmigo, sino con mi padre que falleció hace 25 años. La cantidad de gente que me habla bien de él, es algo que me orgullece y me hace super feliz. También la relación con la gente que ha trabajado aquí que son un montón. Quisiera olvidar cualquier acto en el que hubiera intervenido la violencia. En ese sentido tuvimos un episodio horroroso que fue el asesinato aquí de Pili, de una de las chicas que trabajaba. Tenía 9 años, era pequeño, pero me acuerdo de aquello perfectamente, de la desesperación de mi padre, del resto de la gente que trabajaba, del dolor y de lo triste que fue aquello. Y de algún robo y alguna cosa así.

P: ¿De quién se acuerda en especial en este aniversario?

R: De mi padre. Mi abuelo fue el que fundó esto, pero el que lo hizo grande fue mi padre y fue una referencia en el barrio. Era una grandísima y bellísima persona. Sin él, no estoy seguro que esto hubiera sido posible.

P: ¿Ha pensado alguna vez en bajar la persiana y no volver a subirla?

R: Mentiría si dijera que no. Al final y al cabo esto es un comercio de barrio, una microempresa. Las leyes no están hechas para nosotros. En muchas ocasiones es duro, no es que hayamos querido echar el cierre ni mucho menos, pero en más de una ocasión pues todo aprieta y crees que no vas a salir por ningún lado. Te da pena porque Carlos Díez ha cerrado, la papelería de enfrente a la Junta Municipal ha cerrado, hay un montón de comercios del barrio de toda la vida que han desaparecido, Bella Luz Pastelería cerró. Te da pena pues ver que hay un montón de subvenciones para emprendedores que crean negocios incluso absurdos y se les incentiva. Sin embargo, la gente que estamos levantando el cierre cada día, cada mañana, generando empleo y tejido social y comercial y creando barrio, al final no tenemos ninguna ayuda ni del Ayuntamiento, ni de la Comunidad ni del Estado, ni de nadie. Es duro en muchas ocasiones. Pero aquí estamos y trataremos de seguir.

P: Para terminar, ¿cómo afronta La Presilla el futuro?

R: Hoy por hoy nadie es capaz de contestar a esa pregunta con certidumbre. Afrontamos el futuro con una mascarilla y con gel hidroalcohólico, con muchas ganas y sin miedo. Pero ahora mismo vivimos momentos muy difíciles por la marcha de la economía mundial. Y La Presilla no va por otro lado. Seguimos en el mismo barco todos y trataremos de sobrevivir como podamos. No es momento de ganar, sino de ir paso a paso y de tratar de salir adelante.

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