La adicción y su camino de regreso

Por Concha Párraga, Marisa Gascón y Patricia Carlavilla, enfermeras de los CS Campo de la Paloma y del Servicio Móvil Madrid Positivo

Ninguna persona con una adicción, del tipo que sea, sería capaz de decirte cómo entró en ese mundo. A menudo, se intercalan diversos factores la mayoría de ellos guiados por la transversalidad. En aquellas adicciones que implican el consumo de sustancias, el “me han invitado” o el “tenía malas amistades”, se entrelaza con otras circunstancias personales. Lo que comienza como una huida de la insatisfacción o un intento por evadirse de una realidad que produce sufrimiento, termina por convertirse en una enfermedad de la que resulta muy difícil escapar.

El consumo de una sustancia no convierte a una persona en adicta “per se”. La idea clave de todo este asunto es el grado de dependencia que la persona desarrolla hacia las conductas y el consumo para poder vivir. En definitiva, podemos decir que existe dependencia cuando el consumo supone la actividad cotidiana principal y se dejan de lado otras tan básicas como trabajar o cuidar de la propia salud. Supone, sin lugar a dudas, una pérdida absoluta de control. El cerebro crea la necesidad del consumo compulsivo y una vez que el cuerpo se ha acostumbrado a la droga, cada vez necesita más cantidad. Existen numerosas sustancias que pueden crear adicción, siendo igualmente terribles sus efectos: alcohol, benzodiacepinas, cocaína, opiáceos (heroína), entre otros.

Como sucede en muchas situaciones de la vida, el individuo se ve inmerso en una dinámica que no le hace sentir bien, pero sabe, o cree saber, que abandonarla tampoco le hará sentir mejor. Esa vorágine de consumo, de vida desorganizada, de “hoy aquí y mañana allí”, hace imposible valorar una salida. Pero existe. Solo se necesita la ayuda adecuada.

Las adicciones pueden y deben abordarse desde una perspectiva multidisciplinar. Un seguimiento facultativo, la labor de enfermería para tratar efectos derivados del consumo, trabajadores y educadores sociales, psicólogos… En definitiva, un grupo de profesionales que sepan validar los sentimientos de estos pacientes y que fomenten las posibilidades de abandonar ese tipo de hábitos. A día de hoy, existen muchos recursos y dispositivos que ofrecen a personas adictas una salida. Es un camino nada fácil de recorrer, pero no imposible de conquistar. Y no habría de dejar de hacer referencia a todos los estigmas que sufren este tipo de pacientes y que suelen ser una zancadilla más para su captación y reinserción.

Estereotipos

Por insistir en uno bastante habitual, cuando nos encontramos que son mujeres las que sufren una determinada adicción, nos planteamos de manera casi instantánea si son madres, si habrán abandonado a sus hijos o de qué manera consiguen el dinero para consumir. Esto, habitualmente, no ocurre con los hombres. Ni tan siquiera nos planteamos si tienen familia o cómo han llegado a este lugar en sus vidas. Todo paciente, toda persona, tiene una historia que desconocemos y no es justo prejuzgar ante la enfermedad.

Como sanitarios, como enfermeras, estamos formadas para abordar estas situaciones o, al menos, para hacer frente a una primera consulta o entrevista y, a partir de ahí, poner en marcha los mecanismos oportunos que necesite la persona.

Derivar, aconsejar, dialogar…Debemos afrontar las adicciones como lo que son: enfermedades no siempre vistas desde la óptica que merecen. Una óptica que debe evitar ver la situación como una mancha sobre el individuo. La adicción es una enfermedad en la que están inmersos muchos de los patrones funcionales más íntimos de los pacientes y como tal debemos actuar, cuidando, siempre cuidando, hacia la recuperación de la salud personal.

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