Ignacio Marín (@ij_marin)
No soy nada aficionado a ver la televisión. El otro día me aburría tanto que no me quedó más remedio que bucear entre los canales, la mayoría desconocidos para mí. Recalé en una tertulia «política» que me llamó la atención por su sordidez. Fue como aquellas películas de serie B, que son tan bizarras que te terminan enganchando. El plató estaba saturado de banderas de España y de aquellas cruces de Borgoña que se han puesto de moda. Los contertulios no eran menos inquietantes. Un grupo de señoros muy y mucho españoles, dirigidos por un tipo con un parche en el ojo, rezumaba odio en cada una de sus intervenciones.
El caso es que estaban muy preocupados por algo que llamaron «el gran reemplazo», una conspiración que busca sustituir a la «población española» por otra venida del extranjero. No tengo claro que querían decir con población española. Entiendo que, si descartan a los migrantes, a los gitanos, a los que no piensan como ellos y a los que procesan cualquier nacionalismo que no sea el de la cruz de Borgoña, los «buenos» españoles podrían caber en ese plató. Tampoco entendí quiénes eran exactamente los extranjeros. Deduje que árabes pobres, porque los millonarios que adquieren los centros de las ciudades para gentrificarlos sí les valen.
Pues bien, «el gran reemplazo» era para los señoros el culpable de todos los males del país. ¿La vivienda? Porque hay muchos migrantes. Nada dijeron de los que especulan con la vivienda ante la ausencia de regulación. ¿El paro? Culpa de los migrantes, algo que no llego a comprender, ya que la población extranjera tiene una tasa de actividad (69,3%) mayor que la local (56,4%). Otro argumento que ya, más que aburrir, irrita, es el de la delincuencia. La realidad es que está entre mínimos y continúa reduciéndose, un 1,9% en el último año. Cualquiera de los señoros recordará la alta criminalidad que trajo la plaga de heroína en barrios como el nuestro. Pero para ellos, tanto aquellos chavales enloquecidos por el mono como los que vienen ahora jugándose la vida son lo mismo. Indeseables pobres.
Lo único que me alarmó es que cada vez más jóvenes se crean estas memeces. De hecho, hablaban de un nuevo fichaje de extrema derecha, un tipo joven «de barrio». El racismo, al igual que la homofobia o el machismo, nunca serán de barrio. La solidaridad, la cooperación y el apoyo mutuo siempre han sido valores de barrios como el nuestro. Con mentiras consiguen enfrentar a trabajadores con otros trabajadores, por su raza o por su origen. Un enfrentamiento que divide a la clase obrera, mientras las grandes empresas logran beneficios récord. No nos engañemos, trabajan para ellas. Que estas ideas estén permeando cada vez más en barrios como el nuestro sí que es «el gran reemplazo». Estamos a tiempo de revertirlo.








