El arte de cuidar en lo invisible a los más vulnerables

La Unidad Móvil de Cribado recorre Cañada Real, el Bulevar, los CAD y los albergues de personas sin hogar de Vallecas

De izquierda a derecha, Toño, Raquel y José Luis, trabajadores sociales y enfermera, respectivamente,. Foto: L. C. Ríos

Por Luis Carlos Ríos
El sistema sanitario español llega al 99% de la población del país. Comprende una tupida red de hospitales públicos, centros de Atención Primaria, y hospitales y clínicas privadas. Esta amplia cobertura le ha valido a España extraordinarias calificaciones a nivel mundial, como en el Índice de Salud de Bloomberg. Incluso a pesar del impacto de la Covid-19, la sanidad aguanta y mantiene extraordinarios estándares de calidad gracias al factor humano. Son precisamente esos profesionales, sostén insustituible, quienes se preguntan: ¿qué pasa con ese 1% al que no le llega la sanidad española? y ¿cómo puede abordárseles y proveerles de la atención médica que todo ser humano merece? En el Hospital Universitario Infanta Leonor de Vallecas estas preguntas encuentran un atisbo de respuesta. La Unidad Móvil de Cribado (UMC) de enfermedades busca ser “la puerta de entrada al sistema sanitario” para los más vulnerables.

Ese 1% de población vulnerable es el más necesitado de atención y seguimiento sanitario. Lo sabe Pablo Ryan, del Servicio de Medicina Interna del Infanta Leonor, y Jorge Valencia, médico y coordinador de la Unidad de Cribado Móvil. En Vallecas el accionar de este operativo se concentra en la Cañada Real, en el Bulevar de Vallecas, en los Centros de Atención a las Adicciones (CAD) y en los albergues de personas sin hogar. Desde 2018 han cribado a más de 5.000 personas de todo Madrid en VIH, hepatitis C, hepatitis B e infecciones de transmisión sexual.

Al trabajo de detección y atención médica se le suma la labor de los trabajadores y educadores sociales que acompañan, dan seguimiento y recopilan datos sobre las poblaciones afectadas. Ellos y ellas también se encargan de derivar al paciente a su centro sanitario de referencia para obtener tratamiento. La UMC no solo analiza y detecta, también traslada y acompaña. Comprende un acercamiento proactivo a la vulnerabilidad. El resultado es que la persona tiene la oportunidad de curarse y mejorar su calidad de vida. En el mismo sentido, el conjunto de su entorno tiene menos posibilidades de infectarse.

Recorrido itinerante

La furgoneta de la UMC va allí a donde no llega la sanidad madrileña. No reciben un céntimo de la Consejería de Sanidad. Se sostienen con becas e iniciativa privada, a pesar de haber recibido el reconocimiento de Buenas Prácticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En su paso por Cañada los trabajadores sociales y la enfermera cuentan qué les gusta de su trabajo y cómo es su día a día. Toño, Raquel y José Luis son los rostros, manos y voces que cuidan a las poblaciones más vulnerables de Vallecas y de Madrid.
Toño lleva 6 años en la unidad. “Lo que más me gusta de mi trabajo es que es dinámico, no son todos los días iguales. Me gusta interactuar con la gente”, dice. Al preguntarle por algo a recordar, empieza a reír. La que selecciona del baúl de recuerdos tiene algo de gracioso, pero también de personal. “Él era un ladrón de guante blanco que consumía y tal… Yo le llevé a tratamiento, todo el proceso de llevarle al hospital, al médico… Hubo un momento que me vio como que yo estaba un poco serio, pensando en mis cosas… Y me dice eh Toño, estás sacando a toda la peña, pero te estás ahogando tú” remata, entre risas.

Su compañero José Luis también agradece la posibilidad de moverse, de obtener distintas perspectivas. Trabaja en la UMC desde hace 1 año. “Es muy dinámico en comparación con otros dispositivos móviles que están siempre en el mismo sitio. Esto es otra cosa, esto es trabajo de calle, de la trinchera (…) Eso te hace cambiar las perspectivas, ver las cosas de otra manera. Un día estás aquí, otro día estás en Marconi y vas cambiando la visión de la gente”, señala.

La furgoneta de la UMC en el entorno de la Cañada Real Galiana. Foto: L. C. Ríos

La anécdota que elige es representativa de cómo los colectivos vulnerables están desacostumbrados a recibir un trato humano y dignificante, al que suelen reaccionar defensivamente. “Nos pasa muchas veces cuando vamos Toño y yo en el coche satélite y nos confunden con secretas (risas). Un día que dio positivo un chaval íbamos los dos a buscarle al centro de Madrid. Lo metimos atrás, solo faltaba que fuese esposado (risas). Lo llevamos al Hospital de Vallecas y el tío estaba flipando, flipando, flipando. Y ya Íbamos por los túneles de la M-30 cuando empezó que si sois policías, que no quiero ir… Y amagó con que se iba a tirar ahí. Y yo le decía: pero tú tranquilo chico, que no somos policías. Es tan fácil todo que les choca mucho, ellos se hacen su coco, y dicen tan fácil no puede ser, esto tan fácil no puede ser”, afirma.

El trabajo social es tan imprescindible como el sanitario. Raquel es enfermera y cuando se le pregunta si disfruta de su trabajo, responde con un sí pausado, pero a quemarropa. Sobre lo que más le gusta, afirma: “Me gustan mis compañeros. En este tipo de trabajo y en este tipo de unidad, si no eres un equipo, vas mal (…) Cuando uno está bien de paciencia, el otro se desespera. Cuando uno se desespera, el otro dice la palabra mágica”.

Concepción humanista de la salud

Raquel considera imprescindible una concepción humanista de la salud. “Es lo que yo intento hacer en una décima de segundo: ¿cómo estás? ¿cómo te va?. O mientras le pincho y no le pincho y ya, le cojo la mano, y venga, tú ponte el algodoncito… Algunos que tienen un segundo de lucidez siempre nos dicen sois ángeles. O que les emociona que les preguntes qué tal, o que si sabes que están sufriendo le digas, pues lo siento. No te entiendo, pero lo siento que estés así. Y ya simplemente que te lo digan y mires a los ojos a una persona, yo creo que ya estás haciendo una labor profesional bastante grande. Aunque es una labor invisible (…) Es ganarte la confianza de la gente que es lo más

desconfiado que has visto en tu vida”, explica, convencida.
Como reseñable, recuerda instantáneamente, entre risas, una vez que le cantaron en el Bulevar de Vallecas ‘Pero… Raquel’ de Leo Dan, cuando increpó un grupo de hombres bebiendo en la calle. “Pero Raquel/ Raquel, déjame salir/ No seas mala Raquel/ No seas mala mi Raquelita”, le corearon.

Esta profesional pone el colofón perfecto con mucha agudeza. “Yo si lo tengo que resumir en una frase, como enfermera, desde la faceta del cuidado, sería el arte de cuidar en lo invisible. Es un arte hacerles subir a la furgoneta, que se queden aquí, que te den las gracias, es un arte en lo invisible, en lo espiritual, en la mirada. Aquí se les respeta”, apostilla.

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