Calvario

OPINIÓN.

Muchas personas, especialmente las mayores en años y experiencias, independientemente de la religión que profesen y aún sin profesar ninguna, aplican la palabra “calvario” para definir aquellas situaciones en que el sufrimiento es el protagonista en una época de sus vidas y la esperanza de solución de la situación en concreto se va debilitando a cada segundo, hasta dejar de existir.

Calvario” se puede aplicar a la situación de los africanos que pretenden huir de las guerras, esas mismas guerras que los habitantes de otros continentes fomentan proporcionando armas, de la enfermedad sin solución médica ni medicinal, de la hambruna hasta la muerte sin remedio, y de un futuro mucho más que  incierto.

Calvario” es estar subido en una valla de alambre de espino, rellenos sus huecos con cuchillas afiladas para hacerles desistir de su esperanza, a sabiendas de que del otro lado, a los que consigan pasar, le está esperando la Policía.

Calvario” es ver en la TV o en la pantalla del móvil que existen países con otras vidas, donde no solo se come todos los días, y varias veces además, sino en los que también hay supermercados gigantes repletos de comida; donde los niños van a la escuela, y hay médicos,  medicinas, hospitales, la mayoría de la gente trabaja… Y no poderlo tener.

¿Qué hubiera pasado años atrás si todos aquellos que salimos de nuestros pueblos porque no había trabajo, ni forma de conseguirlo, al llegar a la estación de autobús o de tren de la gran ciudad hubiera habido policías antidisturbios esperándonos dispuestos a hacernos volver?

¿Hubiéramos salido de nuestros lugares de origen de haber tenido un trabajo y una vida dignos?  Seguro que no.

Igual, la solución pasa por dejar de vender armas y construir fábricas in situ con salarios justos para los trabajadores, y pozos de agua para poder cultivar la tierra, y escuelas, y hospitales, y bibliotecas… Para que nadie tenga que abandonar la tierra donde habitan sus raíces.

Es posible que el compartir del 0,7 deba llevar aparejado un equipo de control, no vaya a ser que a los dirigentes del país de turno “se les pierdan” los fondos en algún bolsillo recóndito, entre la llegada y el reparto.

Ojalá pudiéramos erradicar de todos los idiomas la palabra “calvario”.

Bel Cobo

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