África en Vallecas, Vallecas en África

Por Concha Párraga, enfermera Centro de Salud Campo de la Paloma

La mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los prendimientos que, de forma intencional y con motivo no médico, alteran o lesionan los órganos genitales femeninos. Supone una forma extrema de discriminación contra la mujer, una forma extrema de violencia de género, refleja una desigualdad muy arraigada entre géneros y, por supuesto, supone una violación de los derechos humanos de las mujeres y de las niñas.

Se estima que unos 200 millones de mujeres y niñas han sido mutiladas en el mundo. Actualmente, hay entre dos y tres millones de niñas en riesgo de ser mutiladas y unas 3.000 mujeres mueren al año como consecuencias de la mutilación. Son cifras escalofriantes, solo una mujer, una única mujer mutilada en el mundo, es una barbaridad y esta cifra está multiplicada por múltiples ceros.

Se practica en 30 países del África subsahariana como Benin, Burkina Faso, Chad, Costa de Marfil, Djibouti, Egipto, Etiopía, Eritrea, Gambia, Ghana, Guinea Bissau, Kenia, Liberia, Mali, Mauritania, Níger, Nigeria, República Centroafricana, Congo, Tanzania, Senegal, Sierra Leona, Somalia, Sudán, Togo, Uganda, Yibuti, Zambia, ciertas comunidades de India y Pakistán y en Oriente Medio, en Emiratos Árabes, Omán, Yemen, Palestina, Iraq e Israel.

Ha estado presente en los cinco continentes en algún momento de la historia del mundo. En algunos lugares donde se practicaba ya no se practica y al revés.

En España, con datos del censo, 18.000 niñas están en riesgo de ser mutiladas y en nuestra comunidad autónoma en 2015 teníamos 7.204 mujeres procedentes de países donde se practica la mutilación y 1.992 niñas menores de 15 años procedentes de Nigeria, Senegal, Camerún o Guinea.

La distribución de esta población no es uniforme en Madrid capital y se concentra en Villaverde, Puente de Vallecas y Carabanchel, y en la periferia, en Fuenlabrada, Parla, Alcalá de Henares y Torrejón.

Las consecuencias de la mutilación van a ser de todo tipo a corto plazo: hemorragias, infecciones, dolor extremo y muerte; y a medio plazo, síntomas urinarios, infecciones de trasmisión sexual, complicaciones en el parto, afectación de la vida sexual, problemas de cicatrización, problemas psicológicos y, por supuesto, la muerte.

Hay un claro aumento de la mortalidad neonatal asociado a partos más largos, mayor número de partos instrumentales, aumento de desgarros, y hemorragias obstétricas.

Legalidad

El código penal español en el artículo 149 contempla la MGF como delito de lesiones siendo castigado con pena de prisión de 6 a 12 años y pérdida de tutela o patria potestad de 4 a 10 años. En la Ley Orgánica de 2005 se castiga la MGF practicada fuera de nuestro país. Además, la Comunidad de Madrid en la ley de violencia de género hace referencia a la MGF.

Esta práctica la suelen realizar personas mayores de la comunidad (mutiladoras). En algunos pueblos la practican los barberos, miembros de sociedades, herboristas etc.., pero también, en algunos casos, la MGF está medicalizada siendo practicada por sanitarios. Por ejemplo, en Egipto el 38% es practicada por médicos.

En las sociedades donde se lleva a cabo hay una clara tradición de desigualdad de género. Lo hacen por tradición, por falsas creencias (ser una mujer completa), por limpieza (creen que los genitales son sucios o feos), por religión (en esto hemos de decir que la mutilación es una práctica preislámica y, actualmente, no se practica en la mayoría de los países musulmanes. Además, también es realizada por grupos de cristianos, judíos y algunas sociedades tradicionales animistas. Creen, así mismo, que si no se hacen el corte del clítoris sigue creciendo y será tan grande como un pene haciendo daño al bebé durante el parto. Las mujeres permiten que se lo hagan a sus hijas por su bien, para que tengan más oportunidades dentro de una sociedad patriarcal.

Hay muchas mujeres africanas activistas que luchan alzando sus voces para que esta práctica desaparezca. Son mujeres muy potentes de las que todos tenemos que aprender, que son referentes para otras mujeres y para las niñas que son el futuro.

He tenido el placer de estar con ellas, de aprender, de oírlas hablar, de oírlas sentir, y oírlas es poner valor el trabajo y el esfuerzo.

Ellas son el motor del cambio, pero todos y todas tenemos que estar aquí para ayudar a que esta práctica ancestral desaparezca, no desde la estigmatización, siempre desde el respeto, pero siempre estando al lado de esas mujeres y niñas. Esas mujeres y niñas que viven a nuestro lado, que son nuestras vecinas, que forman parte de nuestra comunidad. El mundo actual es un mundo global, África vive en Vallecas como Vallecas siente el corazón de África.

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