«Un día mi hijo me dijo que se avergonzaba de que yo fuera su padre»

Entrevista a Eliceo A., alcohólico en recuperación

Por Grupo 24 Horas AA Madrid

Eliceo A. es padre de familia y cuenta con una trayectoria profesional consolidada. Durante años, el alcohol pasó de ser un apoyo aparente a convertirse en el centro de su vida, arrastrándole a una profunda pérdida personal y familiar. Hoy, en recuperación dentro del Grupo 24 Horas de Alcohólicos Anónimos Madrid, comparte su experiencia.

Pregunta. ¿Cuándo empezó a notar que el alcohol ocupaba demasiado espacio en su vida?
Respuesta. Al principio, yo sentía que el alcohol era mi armadura. Me daba ese «empujón» que me faltaba. Me quitaba el miedo y me hacía sentir el hombre valiente que creía que mi familia necesitaba. Pero esa armadura empezó a pesar más de lo que protegía. Llegó un punto en que ya no bebía por placer, sino para acallar la ansiedad. Me vi bebiendo solo en casa, escondido de mis hijos, mientras mi vida se desmoronaba poco a poco. El momento más duro fue ver el miedo en sus ojos. Ahí entendí que el alcohol ya no me calmaba, sino que alimentaba mis demonios, y que había pasado a ocuparlo todo.

P. ¿En qué momento fue consciente de que podía perderlo todo?
R. Cuando el alcohol dejó de ser un placer y se convirtió en mi forma de sobrevivir. Bebía para no pensar en el daño que estaba causando, pero el alivio duraba poco y el dolor volvía con más fuerza. Intenté huir incluso cambiando de país, pero me di cuenta de que el problema iba conmigo. El alcohol era mi equipaje. Ahí empecé a ver el rastro de destrucción. Perdí el trabajo, la casa y, sobre todo, la dignidad. Me miraba al espejo y no reconocía al hombre que era.

P. ¿Cómo afectó su problema a su relación con sus hijos?
R. Durante mucho tiempo me engañé pensando que, mientras no faltara el dinero, yo estaba cumpliendo. Fui proveedor, pero no padre. Les di un techo, pero les robé mi presencia. Ellos crecieron con un padre ausente e imprevisible. Lo más doloroso fue ver cómo la admiración se transformaba en vergüenza. Un día, mi hijo me dijo que se avergonzaba de que yo fuera su padre. Esa frase fue un golpe brutal. Se fue de casa huyendo de mí, y ahí entendí la magnitud del daño.

P. ¿Hubo un punto de inflexión, un momento concreto que le hizo decir «hasta aquí»?
R. Sí, cuando mi hijo se marchó. El silencio que dejó ya no lo podía llenar el alcohol. La culpa se volvió constante y empecé a sentir que había destruido todo.

P. ¿Cómo fue el proceso de pedir ayuda?
R. Pasé por psicólogos y por la iglesia, pero no encontraba identificación. Sentía que nadie entendía lo que me pasaba. En el Grupo 24 Horas de Alcohólicos Anónimos Madrid fue distinto. Escuché a personas que hablaban exactamente de lo que yo sentía, sin necesidad de explicarlo. Encontré identificación, entendimiento y, sobre todo, un amor que no había sentido en mucho tiempo. Por primera vez, dejé de sentirme solo.

P. ¿Qué le diría a alguien que está donde usted estuvo?
R. Que no se rinda. Yo también pensé que no había salida, pero la hay. Que hable, que rompa el silencio y que busque ayuda. Si yo pude salir, cualquiera puede. No te quedes solo con esto, pide ayuda.

Si tienes problemas con tu forma de beber o consumir, hay una solución: Grupo 24 horas de Alcohólicos Anónimos Madrid. C/ Julia Mediavilla, 27. Tel. 625 18 24 71 

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