25-S: crónica de una movilización frente a las detenciones y a la represión

Por Beatriz Alonso

Como ya todo el mundo habrá visto, el jueves 24 las concentraciones en los centros de salud de los barrios fueron muy bien y muy tranquilas. Todas menos una. Es curioso buscar noticias de lo que ocurrió ese día. Según donde mires, verás que fue una agresión policial o un ataque de los antisistema. Pero cualquiera con dos dedos de frente, viendo los vídeos, sabe perfectamente lo que ocurrió, lo injusto de que así se nos trate a los vecinos y vecinas de Puente de Vallecas y lo poco que tarda en general la prensa en criminalizar a los barrios obreros y a la juventud. El confinamiento tiene carácter de clase y la represión también.

Por eso, era de esperar que al día siguiente volviese a haber una convocatoria. Pocas horas después, circulaba por 1.000 sitios un cartel que llamaba a volver a la Asamblea de Madrid para pedir que soltasen a los detenidos el día anterior y para denunciar la represión y agresiones sufridas el día anterior.

Un momento de la marcha

Yo fui con mi pareja. Fue curioso llegar y ver que la mayor parte de la gente que ahí esperaba eran chavalitos y chavalitas muy jóvenes. Yo, quitando las manifestaciones y huelgas de estudiantes, creo que nunca había visto tanta chavalada junta para manifestarse. Lo comentamos minutos antes de que empezase todo: “Me siento un poco mayor aquí, es la primera vez que me pasa”. Tenemos 26 años, que conste. Me encontré con un compañero del cole y él también fue lo primero que dijo. Qué alegría sentirse así.

La concentración comenzó minutos después, ocupando la calle para cortar el tráfico. De repente, aparecieron muchísimas cámaras y periodistas, grabando la primera fila, a la que se metieron estratégicamente algunas vecinas más mayores. “Para que se vea que hay de todo y dejen de criminalizar a los chavales” nos comentaba después una de ellas.

Fue maravilloso. No sólo la juventud, sino también su rabia, su respuesta, su implicación. La de todas las personas que estábamos allí. Al rato, la cosa empezó a moverse y he de confesar que no tenía ni idea de hacia dónde partía la cosa, pero sí que tuve claro que allá donde fuera toda esa gente yo también iría. Que había que hacer ruido, que había que dejarse ver por los vecinos y vecinas del distrito. Se subió por Candilejas hasta la calle Diligencia, para llegar a la Avenida de Buenos Aires y bajar hasta el metro, ya en la Albufera. Una vez allí, se bajó cortando la Albufera hasta la calle Payaso Fofó, para con ello volver a la Asamblea y quedarse allí otro buen rato gritando ‘Libertad detenidos’, ‘No es confinamiento, es segregación’ o ‘Sanidad Pública’.

A mí, hablo en primera persona, me recargó las pilas esa movilización. Llevaba muchísimo tiempo sin ver algo tan multitudinario en el barrio. Me llenó de alegría saber que ahí había gente de otras “zonas de salud”, a las que había podido más la rabia que el miedo a ser multados.

Una de las pancartas de la protesta ciudadana

Reflexiones

Dicho esto, también me gustaría compartir algunas reflexiones que me vienen a la cabeza de lo ocurrido en ese día:

  • Al igual que el jueves la presencia (y violencia) policial fue desmesurada, el viernes me llamó la atención la ausencia total y absoluta de policía. Ni en la concentración, ni cuando se cortaron calles, ni parando la Albufera. Nada. No tengo nada claro el motivo, pero sí saco de ello una bonita conclusión: Es curioso que sin antidisturbios no hay disturbios.
  • El viernes, siendo una concentración (convertida en manifestación) mucho más multitudinaria, impactante, etc.. hubo mucha presencia de cámaras y periodistas en el momento, pero posteriormente la ausencia de noticias (sobre todo en televisión) sobre lo allí ocurrido ese día es apabullante. Esto, porque así lo han decidido, no es noticia.

Hay que seguir en las calles, hay que impedir que nos quiten lo poco que nos queda. Ahora mismo, con estas restricciones de movilidad, han demostrado nuevamente que importa más el dinero que la salud. No se ha reforzado la Sanidad ni la Atención Primaria en ninguno de nuestros barrios, ni de tantos otros del siempre machacado Sur-Este de la capital. Y, para colmo, nos quieren quitar también la alegría. Todo lo que es gratis aquí está prohibido o es susceptible de ser sancionado: pasear, jugar, hacer deporte, leer al aire libre o estar en el parque, como ejemplos. Y, por otro lado, la única forma de “divertirse” o socializar es pagando: bares y terrazas, restaurantes, casas de apuestas, pistas deportivas privadas, espectáculos (los pocos que dejan). Sólo nos podemos mover para ir a trabajar, muchas veces hacinados. Eso quien pueda conseguir que su empresa le haga un justificante, que si trabajas sin contrato obviamente nadie te hará. O jugarte la multa, o pasar hambre.

Lo del viernes fue maravilloso, sí, pero pensándolo bien, lo del viernes fue también lógico, necesario, visceral y, espero, solo el principio.

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