Por Araceli Domínguez
La inmobiliaria TorresRubí, cuyos valores son el afecto, la cercanía, la claridad y la sencillez, ha vuelto a salir de las oficinas e iniciar un nuevo proyecto solidario. Tras el éxito de la recogida de juguetes donados al Hospital Universitario Infantil Niño Jesús de años anteriores, el fin de semana del 3 y 4 de enero, Juanma, Alberto y José Ignacio, del equipo de esta empresa, organizaron un torneo benéfico de fútbol, algo que ya tenían en mente previamente, en el que finalmente recaudaron el dinero suficiente para poder comprarle una silla motorizada a Andrea, una niña hospitalizada en el Niño Jesús.
Para ello, se pusieron a trabajar en el proyecto y a contactar con los equipos, lo que conllevó a que una competición originalmente concebida para 16 equipos, pasase a estar formada por 32, reuniendo a más de 500 niños jugando juntos por una buena causa.
Este cambio de planes les hizo llegar a la siguiente incógnita: necesitaban un campo en el que poder meter a 32 equipos. Fue entonces cuando contactaron con la Sociedad Deportiva El Pozo, a quienes patrocinan, que les cedió las instalaciones en las que se organizó este fin de semana mágico.
Una vez conseguidos los cimientos para la organización, tocó pensar en el formato y decidieron hacer algo sin precedentes, ya que se usó un sistema inspirado en la Champions League, con fases de grupos y algunos cruces complejos. Esta innovación fue algo que sorprendió gratamente a los asistentes y que otros equipos ya están interesados en comenzar a copiar.
No podemos olvidar que este torneo se creó con un fin solidario, pero también es cierto que se consiguieron otros objetivos, como lograr que otros equipos quieran crear sus propios eventos solidarios siguiendo el ejemplo de TorresRubí, lo que supone multiplicar el impacto solidario y proporcionar una experiencia inolvidable a futbolistas de categorías inferiores.
Espíritu y detalles
En el bar del campo se quedaron sin bocadillos a las 11 de la mañana. Esta es una anécdota poderosa que ilustra cómo el éxito desbordó todas las expectativas, dejando así una prueba tangible de la enorme acogida y participación de la comunidad.
Además, Alberto y Juanma recalcan la deportividad y el ambiente ejemplar, ya que, con cientos de niños y decenas de partidos, solo hubo dos ocasiones en las que se realizaron protestas al árbitro, generando de esta manera un ambiente de pura diversión y respeto.
También ponen en valor el trabajo de Julio, el encargado del campo de la Sociedad Deportiva El Pozo, por levantarse a las cuatro y media de la mañana para llevar el material y poder empezar a montar los campos y las actividades para el día.
Por otro lado, José Ignacio subraya el trabajo abrumador de sus dos compañeros que «se han dejado la vida» en esta iniciativa, dedicando fines de semana y horas interminables, de 6 de la mañana a 7 de la tarde. Pero lo emotivo de todo esto es que, a pesar del cansancio, han disfrutado profundamente. «Yo he disfrutado muchísimo…, ver cómo los niños disfrutan…», añade.
Y lo cierto es que no estamos hablando de un evento aislado, ya que ayudar es la razón de ser de esta empresa, que lleva más de 30 años en el barrio y desde siempre se ha caracterizado por su implicación en el mismo y forma parte de su ADN. Ya que no se trata únicamente de apoyar a Andrea, sino de que su modelo sirva a otros para solidarizarse con «muchas Andreas» en diferentes barrios y ámbitos.








