Por Jesús López
Conozco a Juan Argelina desde hace casi una década. Nos encontramos por los pasillos del instituto María Rodrigo, en esos momentos donde la docencia deja espacio para la conversación lenta y el pensamiento crítico. Desde entonces, la amistad ha crecido a base de proyectos compartidos y silencios cómodos. Juan nació en Vallecas en 1960. Doctor en Geografía e Historia, ha sido profesor durante más de tres décadas y ha viajado por Oriente Medio y África Occidental, siempre vinculado a proyectos de memoria y patrimonio. Militó en los años 90 en el colectivo Radical Gai, publicó en 2022 ‘Voces transgresoras’ y ha sido reconocido tanto por su ensayo, como por su trabajo fotográfico.
Por todos estos motivos, cuando el viernes 12 de diciembre nos sentamos a comer en el Mesón Asturiano, supe que ‘Job en Gaza’, publicado a comienzos del mismo mes, no era solo un libro más del que hablar, sino la decantación de muchos años de pensamiento, viajes y heridas asumidas.
Esta publicación parte del bíblico ‘Libro de Job’ para reformular, en Gaza, la vieja pregunta por el dolor inocente desde una fidelidad radical a su núcleo ético: el sufrimiento injusto.
Juan traslada ese dolor al cuerpo colectivo de Gaza, convertida en escenario contemporáneo del abandono y la vejación. Cada capítulo se abre con un versículo del propio ‘Libro de Job’ que no consuela, sino que interpela, y se acompaña de una reflexión personal y autobiográfica que actúa como marco moral. No hay distancia posible para el lector: el texto obliga a mirar.
La escritura es desnuda, casi ascética. Juan prescinde del ornamento, porque el dolor no admite retórica. El léxico es hiriente, descarnado, directo a la tragedia. No se trata de embellecer el sufrimiento, sino de nombrarlo sin filtros. En esa elección formal hay una ética clara: callar o suavizar sería participar del olvido.
Mientras comíamos, la conversación derivó hacia la política: el racismo de casta que recorre la sociedad israelí y la fractura histórica de una izquierda exhausta, incapaz de articular una respuesta común ante una violencia que se ejerce como dominación prolongada sobre un pueblo. Nada de esto aparece en ‘Job en Gaza’ como consigna, pero todo está ahí como sedimento. El poemario no nace de la urgencia del titular, sino de una conciencia histórica trabajada durante décadas.
Sin redención, pero con memoria
El libro avanza desde la desolación hacia una esperanza trágica. No hay redención, pero sí memoria; no hay justicia reparadora, pero sí palabra. El cierre con la imagen de Troya convierte el dolor palestino en herencia universal del sufrimiento humano. Quizá por eso este libro no se lee: atraviesa las entrañas.
Presentaciones de Job en Gaza:
—16 de enero: Librería Balqís, a las 18 horas
—24 de enero: Librería Muga, a las 12 horas
—30 de enero: Biblioteca Elena Fortún, a las 19 horas
—6 de febrero: Librería Traficantes de Sueños, a las 19 horas
—20 de febrero: Librería La Lumbre, a las 19 horas
—6 de marzo: Biblioteca Miguel Hernández, a las 19 horas








