
Por Plataforma Cívica de Apoyo a la Lucha por la Luz de Cañada Real Galiana
«Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos». Así empezaba Charles Dickens su libro ‘Historia de dos ciudades’ y así cabría entender también el pasado mes de diciembre. El día 10 se celebró el Día de los Derechos Humanos, en conmemoración de la aprobación, en 1948, de la Declaración Universal de Derechos Humanos por parte de las Naciones Unidas. Y este mismo 10 de diciembre se reunió el Comité de Ministros del Consejo de Europa para hacer un seguimiento de la Decisión que había dictaminado el Consejo de Europa el 26 de febrero, en la que había concluido taxativamente que España viola hasta 10 derechos fundamentales de los vecinos y vecinas del barrio de la Cañada Real a causa del mantenimiento del corte del suministro eléctrico. Y el Comité, como no podía ser de otra manera, ha vuelto a recomendar a nuestro país que tome las medidas adecuadas para garantizar los derechos de los habitantes de la Cañada, especialmente de aquellos en situación de mayor vulnerabilidad, y que «aporte pruebas de la participación efectiva de las organizaciones civiles que representan a las familias afectadas en la toma de decisiones sobre las políticas y medidas que les conciernen». Es decir, que deje de violar de una vez los derechos humanos de la población del barrio de la Cañada Real.
Por otra parte, ese mismo 10 de diciembre, mientras que hacía ya 18 días que el Ayuntamiento de Madrid había encendido más de 13 millones de bombillas LED para celebrar la Navidad, con un coste de 6,1 millones de euros, quedaban sólo 11 días para que más de 4.000 personas, más de 1.800 niños y niñas, del barrio de la Cañada Real empezasen a pasar otro terrible invierno sin electricidad, sin luces de ningún tipo, otra Navidad en la que habrán de vivir en el entorno torturante que nuestras administraciones públicas les están obligando a vivir desde hace más de cinco años, con la vana esperanza de quebrar su voluntad y que se vayan del barrio, para que las grandes constructoras puedan culminar sus proyectos urbanísticos a costa de sus casas, a costa de sus vidas.
Sin suministro eléctrico
En Navidad el mundo cristiano celebra que su Dios se hizo niño en Belén para traer paz y amor a todas las personas. Pero los niños y las niñas de hoy de Belén sufren el apartheid y el genocidio de Israel con la complicidad de nuestros Estados, y los niños y las niñas de hoy del barrio de la Cañada Real padecen el frío, la oscuridad y la exclusión social causados conscientemente por nuestras administraciones públicas.
El infierno lo traemos las personas, pero también nosotras podemos ponerle fin. El solsticio de invierno simboliza un nuevo comienzo. Empecemos por lo obvio, exigiendo una auténtica paz para Palestina y la electricidad para el barrio de la Cañada Real. Exijamos lo esencial: que nuestras administraciones públicas respeten nuestros derechos humanos.







