La viva estampa del desamparo

Enrique Villalobos, en una imagen de archivo

Enrique Villalobos, presidente de la Fravm, analiza en Vallecas VA la complicada situación social agravada por la crisis sanitaria de la COVID-19

“Estamos en la séptima semana de cuarentena y ya va pesando el confinamiento a todos/as, en todo. En las dos primeras, el sistema de protección saltó por los aires y, desde entonces, no se puede decir que haya habido una respuesta de la administración regional o municipal capaz de corregir esta situación. Los servicios públicos esenciales como la Sanidad, los Servicios Sociales o la Educación no han dado abasto, mostrándose claramente insuficientes para cubrir las numerosísimas necesidades que surgían a cada momento.

Acusan el adelgazamiento provocado por una dieta severa de años de recortes y recortes impuesta por las políticas de lo privado, del impuesto cero a empresarios y adinerados. Políticas que han dejado todos los medios de protección social cogidos con alfileres, aparentemente suficientes para funcionar en situaciones de normalidad, pero sin capacidad real para afrontar una crisis, esto es, para que si pasa algo grave poder atender bien a todas y todos, sin que nadie se quede en la estacada. Esta crisis de la COVID-19 ha puesto de manifiesto que nuestro sistema de protección social es de ‘mírame y no me toques’.

Miles de desempleados

Miles de personas han perdido su empleo y con ello, las más vulnerables, han pasado del umbral de la pobreza a la pobreza severa. Aquellas familias que viven al día, porque con sus precarios sueldos de 600 a 800 euros no alcanzan para tener un remanente con el que aguantar un envite como este, han quedado desprotegidas. No han sido las únicas, esto no va sólo de las más precarias, otras familias con un poco más de desahogo también han caído a lo largo de la cuarentena. No en vano, se calcula que Madrid habrá perdido o perderá en torno a 100.000 empleos, lo que se traduce en algo tan sencillo como dramático, el reto para todas ellas de poner un plato de comida en la mesa.

Hasta hace unos días, muchas de estas familias no eran parte de las listas de usuarios de los Servicios Sociales y, por ello, la mayoría no han sido atendidas por incapacidad de la administración. Con los centros de Servicios Sociales cerrados, los teléfonos comunicando por colapso, unos procedimientos tremendamente burocratizados, los equipos de trabajadoras y trabajadores sociales teletrabajando con menos medios aún de los habituales, con bastantes bajas por enfermedad, etc… miles de familias no han encontrado una respuesta de la administración a su dramática situación, convirtiéndose en la viva estampa del desamparo.

Desde el minuto cero

Esta realidad, que a algunos les será ajena, entre otras cosas porque buena parte de la información mediática se ha centrado en la evolución sanitaria de la crisis, poniendo muy poco el foco en cómo lo estaban viviendo las familias con menos recursos, si no nos ha superado como sociedad es porque muchas personas desde y/o junto a muchas asociaciones de barrio, han estado desde el minuto cero preocupándose y ocupándose de ver cómo podían hacer para que a nadie le faltase comida, para que nadie estuviese solo/a, para que a nadie, incluidos esos depauperados servicios públicos, les faltase una mascarilla, una pantalla de protección o una bata.

Y así, los «chiringuitos» de la solidaridad han vuelto a poner en marcha, como ya lo hicieron en la reciente crisis económica, despensas solidarias, grupos de ayuda mutua, talleres de costura y un buen catálogo de servicios altruistas con los que asistir a quien lo necesitase. Lo han hecho tirando de su tiempo, de su esfuerzo, de desatender a la familia propia para atender a otras personas, aún a riesgo de contagiarse. A su vez ha sido posible gracias a la aportación económica de quien buenamente ha podido dar algo a las redes de solidaridad y a las donaciones materiales de pequeños comercios, de minoristas, de lo que se ha podido sumar de aquí y de allá.

Sin embargo, los recursos de las redes no son infinitos, no van a poder aguantar eternamente, hasta que la administración tenga a bien organizarse para cubrir las necesidades sobrevenidas por esta crisis. Se necesita urgentemente, ya, que Comunidad y Ayuntamiento de Madrid atiendan a todas las familias que se han quedado sin recursos. Y para ello deben coordinarse cuanto antes con las redes de apoyo, para llegar a quienes no saben pedir ayuda a la administración y empezar así a dar el relevo a quien está soportando, en estos momentos, a los sectores más desfavorecidos de la sociedad madrileña.

Menos burocracia

Se hace imprescindible aparcar los procesos burocráticos de abrir expediente, recoger documentación, analizar el caso y asignar ayuda. No hay tiempo para eso!! Ahora es el momento de atender, más adelante se podrá recabar toda la información que sea necesaria. 

Es preciso también abrir cocinas en todos los distritos, con las que suministrar raciones diarias de alimentación equilibrada para todas las personas de las familias que lo necesiten. Para ello se pueden usar las de colegios o centros de mayores existentes. Bastante obsceno viene siendo que la Comunidad de Madrid haya optado por la comida basura para atender a la infancia, hay que poner freno a esas prácticas ya.

Entre tanto, y en paralelo, hay que prever lo que está por venir. Va a ser necesario un refuerzo sustancial del personal de Servicios Sociales, hay que anticiparse a las necesidades de conciliación de las familias que no les quedará otra que trabajar, quien lo consiga, este verano. Hay que ayudar a la población juvenil que se ha quedado sin trabajo y, por tanto, sin su fuente principal para costearse los estudios, por lo que será necesario un incremento en número y cuantía de las becas. Y así un largo etcétera de necesidades que, si la administración no asegura cuanto antes, es más que previsible que esta crisis sanitaria se convierta en una profunda crisis económica y social, de la que será muy difícil salir. 

Ojalá aprendamos de ésta y eso nos lleve a reforzar y blindar los servicios públicos esenciales, ojalá en esta ocasión no nos dejemos a nadie abandonado, como ocurrió en la última”.

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