La urbe fulmina al orbe: el ocaso de un progreso fagocitador

Por Juan Sin Credo

Vídeos, música, también muchos libros, tanto en papel como en formato digital. ¿Estaríamos soportando este confinamiento sin la tecnología masiva? Conciertos, películas, series: contenidos en abierto, apto para todos los públicos, un mundo virtual gratuito en línea al alcance de los encerrados… ‘La televisión funciona siempre…bendita televisión, santa televisión’…coreaba el estribillo de la popular canción ‘Vallecas 1996’, del emblemático grupo de rock urbano Topo.

Aunque para música, la del egregio Ludwig van Beethoven, encerrado en su propia sordera, que comenzó a padecerla nada más publicar su sonata número 8, subtitulada ‘Pathétique’, dedicada a su benefactor y mecenas, el príncipe Karl von Lichnowsky. Nada mejor como la música para evadirnos de nuestras torres de marfil, ya nos lo recordaba Fray Luis en su ‘Oda III’, dedicada a Francisco Salinas: ‘la música estremada /traspasa el aire todo/ hasta llegar a la más alta esfera…’

Sin embargo, cuando volvía de nuevo la vista a la pantalla, después del impetuoso ‘Grave; allegro di molto e con brio’ del primer movimiento, me sobrecogió un video cazado al azar en la red sobre el discurso de Seven Suzuki en la Conferencia sobre la Tierra, celebrada en Río de Janeiro en el mes de junio del aquel lejano 1992.

Ante la situación actual de ambiente apocalíptico, que muestra la posibilidad de un fin de civilización, ya no porque se están produciendo unas cifras pavorosas de víctimas, sino también porque se diluye estrepitosamente el concepto de sociedad de masas, las palabras pronunciadas entonces por Suzuki me causan desasosiego, al ser esta activista medioambiental un fiel reflejo de esa Casandra troyana, visionaria y profética, sobre la que cayó la desgracia de predecir el futuro a cambio de no ser creída por nadie cuando pronosticaba sus fatalistas vaticinios.

Destrucción del Medio Ambiente

Desde esa fecha, la situación no ha hecho nada más que empeorar, hasta el punto de que muchas voces culpan de esta catastrófica pandemia a la destrucción sistemática del Medio Ambiente. Océanos colapsados por el monstruo de plásticos, especies endémicas que se extinguen extenuadas, ciudades contaminadas de una nube tóxica de polución y pobreza…
A Suzuki no se la escuchó y no se ha podido cambiar el mundo. Paradójicamente, el ser humano, al destruir la Naturaleza, ha conseguido que sea la propia Naturaleza quién le destruya a él.

Tal vez exista una esperanza, tal como se plantea en ‘Walden o la vida en los bosques’, utópico texto de H.D. Thoreau, que refleja la vida del autor en una cabaña edificada con sus propias manos, alabanza a la autogestión y al aprovechamiento necesario de los recursos naturales que ofrece el entorno más cercano. Una última esperanza centrada en la búsqueda de esos pueblos abandonados de Castilla, alternativa necesaria a esa depredación urbana incontrolada, que aniquiló a esa Vallecas agraria desaparecida para siempre, como precisaba Topo con ese tema célebre de ‘Vallecas 1996’.

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