La resistencia heroica de los habitantes de la Cañada Real

Sus vecinos sobreviven a duras penas al segundo verano sin suministro eléctrico

Uno de los secarrales donde los más pequeños se divierten jugando como pueden a la pelota

Por Plataforma Cívica de Apoyo a la Lucha por la Luz de Cañada Real Galiana

Imagínate que tienes la fortuna de vivir en un Estado social de Derecho. Sabes que los poderes públicos tienen la obligación de promover las condiciones para que tus derechos y los de todos los miembros de tu familia sean reales y efectivos. Sabes que las leyes y los poderes públicos están para protegeros frente a los ataques arbitrarios de los poderosos, sobre todo si eres una persona que está en una situación de especial vulnerabilidad.

Por todo ello, cuando al levantarte una mañana ves que el interruptor de la luz no funciona, sabes que es un problema técnico al que pronto se dará solución, así que procuras que los niños de la casa se calmen y vas a ver qué ha ocurrido. Y al salir, te das cuenta de que no es un problema de tu casa, sino que afecta a todo el vecindario. Estás en el mes de otoño y empieza a hacer frío, por lo que os abrigáis bien y esperáis a que vuelva la luz. Pero la luz no vuelve. Y no volverá en los próximos días, meses, ni pasado año y medio. Durante ese tiempo pasaréis uno de los inviernos más duros de los que se tiene noticia, llevándose la vida y la salud de muchos vecinos, y finalmente sólo buscaréis poder sobrevivir con dignidad en un ambiente que lo hace imposible. De hecho, leerás en el propio Boletín Oficial del Estado que tu Gobierno reconoce que “la salud de niños y niñas ya está sufriendo las consecuencias de la falta de electricidad en sus casas, lo que, además de vulnerar el derecho de la infancia a una vivienda adecuada, acarrea un impacto fuertemente negativo en sus derechos a la alimentación, a la educación y, en definitiva, al disfrute de una vida en condiciones de dignidad”.

Y después de año y medio de lucha pacífica, en el que has obtenido el reconocimiento de las Naciones Unidas, del Defensor del Pueblo, de todas las organizaciones de la sociedad civil que luchan por la defensa de los derechos humanos, sigues viendo que tu situación y la de los tuyos en realidad no ha hecho más que empeorar.

Una vecina muestra sus pies hinchados, debido a su enfermedad agravada por el calor. Foto: Plataforma Luz

Ahora, después de un segundo durísimo invierno, en el que has sabido que sólo a 14 kilómetros de tu casa se han gastado 3,6 millones de euros para iluminación de la Navidad, mientras que tu barrio ha permanecido a oscuras y helado. Ahora, con el insoportable calor del verano, que hace que las casas lleguen a temperaturas superiores a los 38 grados, ves que los ancianos sufren enormemente, que sus problemas de salud se agravan, y que nada parece que vaya a poner fin a este sufrimiento que se hace eterno. Pero también ahora ya sabes que el suelo que habitas, el que habitaban antes tus padres y a veces tus abuelos, representa un gran beneficio económico para las grandes constructoras si tú, tu familia y todos los de vuestro barrio cedéis y os vais.

Y es entonces cuando vuelves a preguntarte: ¿es cierto que vivimos en un Estado social de Derecho?; ¿por qué no cumplen los poderes públicos con su obligación de proteger nuestros derechos humanos frente a los poderes económicos?; ¿por qué no reacciona la sociedad en su conjunto?; ¿cómo no se dan cuenta los ciudadanos que los poderosos ganan siempre que no estamos todos unidos para defender nuestros derechos?.

Testimonios

“Estamos fatal. Este año no sabemos cómo quitarnos el calor”, comenta una vecina mayor de 70 años de Cañada Real, con problemas de salud agravados por los 40 grados que hace en su casa. “El calor es insoportable… La abuelita Mari que vive en una chabola se ha desmayado en su propia casita, porque no tiene luz, no tiene agua fría, no tiene ventilador y no tiene un Ministerio de la Presidencia que defienda sus derechos. Tiene su casita, a sus nietos y nos tiene a nosotras”, añade la presidenta de la Asociación Cultural de Mujeres Tabadol del sector VI de la Cañada Real, Houda Akrikez.

Los habitantes de la Cañada resisten, pero no lo hacen ni porque los poderes públicos lo hagan posible, ni porque el conjunto de la sociedad los apoye. Resisten por dignidad, resisten por supervivencia, y con su resistencia muestran que todavía puede hacerse frente a los poderosos. Pero, ¿por cuánto tiempo lo podrán seguir haciendo solos?

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