Hacia una República Federal Vallecana

Por Juan Sin Credo

‘Vallecas es una nación y el Rayo su selección’ imita el enunciado de Julián Hernández, ideólogo de Siniestro Total, grupo emblemático del punk rock ibérico. Un lema que encierra la peculiaridad singular de nuestra Gran Vallecas, denominación puesta en tela de juicio por los vallecanos más castizos, que no son otros que los pertenecientes al Pueblo de Vallecas. Sin embargo, los vallecanos del Puente no parecen ser tan vallecanos, al carecer del lustre que proviene de la cima del Cerro Almodóvar o del olor ocre a era antigua, representado una y mil veces por los pintores de la II Escuela de Vallecas. Por no decir ya de los vallecanos del Ensanche, vallecanos de tercera generación. Muchos de ellos colonos apátridas que viven en el refugio de los espacios comunes de su ‘urba’ en chalet con garaje y piscina.

Escarbando en los registros de los padrones de la época puede detectarse cuándo se resquebrajó la pureza de vallecano del pueblo, conciencia que se ve dinamitada en la actualidad ante el escenario de una Gran Vallecas poliédrica y multicultural. Andrés Marín Pérez, en la ‘Guía de Madrid y su provincia’, afirma que Vallecas contaba con 3.280 habitantes en el censo de 1877. Diez años después, la población se duplicó. En 1900 se provoca la ruptura, siendo en Nueva Numancia el doble que la del Pueblo de Vallecas. A partir de este momento, el crecimiento de la población en el Puente de Vallecas es exponencial, llegando en 1924 a quintuplicar esa diferencia entre los habitantes del Puente (25.000) y Villa (5.000), tal como refleja la ‘Guía descriptiva’ de Francisco Iglesia.

Identidad

Por lo tanto, la Gran Vallecas es hoy un concepto aglutinador de miles de individuos que necesitan forjar su identidad en torno a esa leyenda mítica de un espacio que acoge al forastero, ofrece carácter y comparte tradiciones. Características muy similares a las vertidas por Ian Gibson en su libro, ‘Hacia la República Federal Ibérica’, un ensayo donde se aboga por la unión de España y Portugal en una república federal como método para extirpar los nacionalismos peninsulares que entorpecen la convivencia pacífica.

Desde un punto de vista más literario, se pueden señalar las obras de dos poetas lusas en esa misma línea, ambas en las bibliotecas de Puente y Villa. Por un lado, destaca el poemario de João Luis Barreto Guimarães, ‘Mediterráneo’, donde se suceden una serie de poemas con el telón de fondo de ese vínculo marítimo de civilizaciones. Aunque mucho más reveladores emergen los versos de Ana Luisa Amaral, galardonada con el XXX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Su obra más reconocida, ‘What’s in a Name’, se abre con tres poemas sobre la crisis de refugiados que asola la conciencia humanitaria de Europa. Lecturas para combatir el sentimiento de un fanatismo excluyente que se debe enterrar para, al ritmo de Siniestro Total, ‘bailar sobre su tumba’.

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