El Vallecas de nuestros padres

Los alumnos de 4º de la ESO del instituto Madrid Sur recuperan los recuerdos de sus familiares acerca de cómo era su barrio en los años 80

: La calle de Peñarroya, en Entrevías, a mediados de los 70

Por IES Madrid Sur

En el IES Madrid Sur continuamos la labor iniciada el curso pasado por el proyecto de aprendizaje-servicio ‘Semillas’. Los alumnos de 4º de la ESO están trabajando los contenidos de la materia de Lengua Castellana y Literatura a partir de textos diversos que tienen en común su referencia a Vallecas y a su historia. De este modo están alcanzando un conocimiento más profundo y reflexivo sobre el barrio en el que viven, de su historia, de las problemáticas como la vivienda que han sido una constante de esa historia, de la necesidad de mantener su memoria… En las próximas semanas seguiremos en esta labor (esperamos contarlo en próximos números de Vallecas VA), pero por el momento os dejamos el fruto de una de las actividades, la recuperación de los recuerdos familiares, a partir del trabajo sobre un texto que explica los cambios urbanísticos en Vallecas en los años 80 extraído del excelente libro ‘Madrid 1983’, de Fernando Lezcano (Libros del K.O, 2021). Os dejamos cinco testimonios:

Entrevías

Una tarde, que estaba con mi abuelo, le pregunté cómo era el barrio donde se había criado mi padre, es decir, cómo era Entrevías en los años 80. Y empezó a contarme: “Recuerdo cuando tu padre y tus tías bajaban a jugar a la calle con sus primos y con los hijos de los vecinos. Aunque Entrevías ha sido siempre un barrio pobre, de gente obrera y humilde, y con mucha droga a su alrededor, todos los vecinos nos conocíamos bien y éramos como una gran familia. Es verdad que teníamos varios poblados chabolistas alrededor. Estaba la Celsa y también el poblado de los Pies Negros. Alguna vez en los autobuses o por la calle se veía pasar a los drogadictos, pero solían ir tan mal que solo se preocupaban de llegar a su destino para pillar más heroína o cocaína y no se solían meter con nadie del barrio. El mayor riesgo y preocupación que teníamos casi todos los padres era el de que nuestros hijos acabasen también metidos en el mundo de la droga. Aunque sigue siendo un barrio muy pobre, con mucha gente necesitada y en el que no deja de haber conflictos, ha ido cambiando y mejorando en infraestructuras. Y ahora hay mucha diversidad de culturas y gente extranjera, ya que es una zona donde suelen encontrar pisos de alquiler muy bajo o se meten okupas. Pero a pesar de ser un barrio tan pobre, cuando te has criado en él, te sientes tan vallecano que lo defiendes con uñas y dientes”. La verdad es que mi abuelo me dejó muy sorprendido por cómo hablaba de su barrio, porque, a pesar de ser un barrio con mucha pobreza, dificultades, peligros de drogas y conflictos, lo reconocía como un lugar donde la buena gente se apoya, se quiere, se respeta y se ayuda. Es decir, un barrio con las dos caras de la moneda: la cara y la cruz.

Fontarrón

Eran unos tiempos difíciles en el barrio de Fontarrón, que es donde han nacido mis padres. Antes eran todo chabolas, era un barrio conflictivo, metido en el mundo de las drogas. Pero afortunadamente a mis padres no les interesó meterse en ese mundo. Mi padre me cuenta que tenemos mucha suerte hoy en día, porque tenemos tecnología, juegos… Antes jugaban a las canicas, al bote botero, y había días que se colaban en el Tajamar para jugar al fútbol. Una anécdota de mi padre es que a él le regalaron un balón de cuero para jugar al fútbol. Ninguno de sus amigos tenía balón y él como no quería que se lo rompieran o se lo colase en algún sitio, le dijo a su madre “te voy a llamar para que me tires el balón, pero tu di que no me dejas, que si no me lo rompen”. Es algo que me sorprendió, ya que hoy en día tenemos mucha suerte de tener muchas cosas y nos podemos permitir un capricho. Eso es gracias a nuestros padres que han estado trabajando para que podamos tener una infancia mejor que la suya.

Madrid Sur

En los años 80 mi madre era una niña y recuerda que salía a jugar a la calle y en verano todos los vecinos sacaban sillas y pasaban así la tarde. El barrio en el que ahora vivimos, no existía como tal, eran casas bajas. Después tiraron todas esas casas y construyeron el barrio, el parque Payaso Fofó, el centro comercial, el centro médico, etc… y pusieron más transporte público. A las familias del barrio en el que vivía mi madre las realojaron en pisos nuevos en Madrid Sur, y en el barrio antiguo, actualmente, están construyendo un nuevo barrio. Cuando mi madre empezó a vivir en Madrid Sur tenía 17 años y recuerda que no existían apenas centros comerciales y había muchas tiendas pequeñas en el barrio hasta la apertura del centro comercial.

En esa época, no existían los móviles ni internet, el entretenimiento tecnológico que había era la televisión, y solo había dos canales para elegir. Por las tardes, echaban programación infantil como, por ejemplo, ‘Barrio Sésamo’. En aquellos años mi madre escuchaba música pop-rock y le gustaban grupos como Los Secretos.

Entonces, el transporte público era parecido al de ahora, pero con menos líneas de autobús en el barrio y el metro, la línea 1, sólo llegaba hasta Portazgo.

Cuatro jóvenes posan en una calle de Vallecas a comienzo de los años 90

El Pozo del Tío Raimundo

En los años 80, en el Pozo del Tío Raimundo, mi madre vivía en una casa baja con sus padres y sus abuelos. Todo el barrio estaba lleno de pequeñas casas que habían sido construidas por los propios vecinos. Las calles, muchas de ellas estaban sin asfaltar y las infraestructuras eran muy escasas. La situación empezó a cambiar para mejor. En el Pozo se construyó un nuevo barrio. Se fueron tirando las casas bajas, cambiándolas por pisos y viviendas unifamiliares. El barrio fue mejorando a medida que ha ido pasando el tiempo. El caso de mi padre fue bastante parecido, aunque un poco antes de los años 80, él vivió en unas casas bajas cerca del apeadero de Entrevías. Ellos fueron reubicados en unos pisos construidos en la Ronda del Sur, llamados los pisos blancos, debido al color con el que estaban pintados. Cuando llegó a los nuevos pisos con sus padres, lo que ahora en la actualidad es el parque de Entrevías era un vertedero lleno de escombros. En ambos casos los dos vivieron en unas condiciones que no eran las adecuadas. Afortunadamente, todo ha cambiado. Ahora vivimos en Madrid-Sur, un barrio que no lleva muchos años construido. Aunque faltan algunas cosas, creo que se ha mejorado mucho respecto a los años 80.

Palomeras

En aquellos tiempos mis abuelos y mis tíos vivían en una casa baja, en Palomeras. Se levantaban muy temprano para ir a recoger agua a la fuente más cercana. Cuando se despertaba mi madre, iba a una casa parecida a la suya para dar clase con una maestra que atendía a los niños del barrio, porque entonces no había colegios. Un buen día, les llegó una carta. En el plazo de 15 días tendrían que abandonar su vivienda y las darían las llaves de un piso en Entrevías. No se lo podían creer, pero a las dos semanas vivían en un piso con agua corriente y luz eléctrica.

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