De papel

"La lecture", de Pierre-Auguste Renoir.

OPINIÓN.

José Saramago nos dejó escrito que “el ser humano cultivado está hecho de papel”. Lo he comprobado en este pasado mes de marzo gracias a David, a María, a Flora, a Luisa, a Celia, a Mercedes, a Gema, docentes de los colegios Centro Cultural Palomeras y de la Asunción, de Vallecas, y a los alumnos de 1º a 4º de la ESO de estos centros educativos. Con la excusa de la celebración de una nueva edición de nuestro certamen de microrrelatos (gracias a un acuerdo con la Fundación José Saramago nuestro certamen acoge en su título desde este año a uno de los personajes femeninos más característicos de la obra del escritor, Blimunda), me acerqué a estos dos colegios para que los alumnos conociesen, o recordasen, su existencia, y animarles a participar en él, en el accésit que ya creamos el año pasado para edad igual o inferior a los 16 años. Personalmente, también deseaba que el nombre de José Saramago rondase por sus cabezas, que permaneciese en su memoria para que en un futuro se acercasen a sus palabras más profundamente.

Hablé con los profesores de Lengua y Literatura, y planificamos unos encuentros en sus aulas en los que lo principal era que los estudiantes se expresasen, que sobre un tema previamente elegido por los profesores, sus alumnos escribiesen microrrelatos (o poemas) de cincuenta palabras máximo. He escuchado cómo estos escolares pasaban las páginas escritas por su imaginación, he aprendido con las historias que nos han contado. De papel, están hechos de papel. Los cimientos de Vallecas no están hechos de piedra o de hormigón o de cualquier otro material. De papel, están hechos de papel, del papel de estos alumnos y de sus profesores que se empeñan en creer en un futuro en el que la literatura forme parte de su vida. Y os hablo de literatura, pero están abiertos a cualquier expresión cultural. Lo he sentido y lo he vivido. Nada que ver con los colegios de mi infancia, con la educación que recibí, a menudo triste, sin un estímulo que me hiciese percibir lo necesario de esa etapa, salvo alguna luz que se desprendía, casi fortuitamente, de alguno de mis profesores. Gracias a la amabilidad y el interés de Celia y de David, también he podido comprobar que, para los más pequeños, estos colegios se han convertido en parques de atracciones para disfrutar y aprender. Os puedo asegurar que deseaba convertirme en uno de ellos y tirarme al suelo para jugar… Para jugar y, como os acabo de decir, para aprender, porque participan de todas estas creaciones, no son meros espectadores.

No podemos desaprovechar este vivero, debemos cultivar y apoyar desde la familia y desde las asociaciones y colectivos del barrio a los docentes y centros educativos que construyen día a día nuestro barrio. También debemos exigir que las Administraciones no solo promuevan la cultura ya establecida (cosa que es necesario hacer, para que tengan dónde mirarse los que quizá algún día formen parte de ella), sino que, además, apoyen con los medios a su alcance la formación de nuestros jóvenes. El papel puede ser muy resistente, pero también muy frágil. No permitamos que se rasgue, ni que se queme.

Los que formamos parte de generaciones más alejadas en el tiempo sabemos muy bien lo importante que son los primeros años de vida para que, cuando la experiencia haga su trabajo, se encuentre el camino más acorde con el ideal de cada uno. Ahora hay medios, muchos más medios que cuando nosotros nos estábamos forjando. Ahora disfrutamos de unas generaciones intermedias muy formadas, con ganas de trabajar con el futuro. Están ahí, con nuestros niños y jóvenes. Aprovechémoslo, no les hagamos caer en la desesperación que aparece cuando ves que no sirve de nada intentar cambiar la realidad que a veces las estadísticas nos presentan. Estamos hartos de leer en los medios que en este país no se lee, no se presta atención a la cultura, que la juventud apenas tiene interés por ella. Esta cercana experiencia que he vivido me dice algo totalmente distinto. Sé que me podéis decir que es una excepción. No lo creo así; al contrario, estoy convencido de que lo que he vivido en estas dos jornadas lo podría vivir en una cantidad significativa de los centros educativos actuales de Vallecas y de cualquier barrio de Madrid, que no es algo que me haya ocurrido a mí por casualidad. Hagamos de la papiroflexia nuestro modo de vida; construyamos cimientos fuertes, indestructibles. Nuestros jóvenes están preparados, y si ven que los más cercanos se preocupan por ellos, continuarán siendo papel. Y cada vez más resistente.

Luis Miguel Morales

 


Imagen: reproducción de «La lecture», de Pierre-Auguste Renoir.

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