Bajo el puente, la herida abierta de Vallecas

Chabolas improvisadas, habitáculos precarios y asentamientos de personas sin hogar forman ya parte del paisaje cotidiano

Algunos de los chamizos que subsisten bajo el ‘scalextric’ de Vallecas Foto: F. Bódalo VK

Por Fernando Bódalo

En el corazón de nuestro barrio, bajo el puente de la M-30 a su paso por Puente de Vallecas, se ha ido consolidando una realidad que muchos vecinos conocen y pocos responsables afrontan con la urgencia que merece. Chabolas improvisadas, habitáculos precarios y asentamientos de personas sin hogar forman ya parte del paisaje cotidiano, recordándonos cada día que la exclusión social también se construye con hormigón, silencio institucional y falta de políticas valientes.

Desde asociaciones vecinales, colectivos sociales y partidos políticos progresistas se ha trasladado una petición clara al Ayuntamiento de Madrid: el derribo de este puente como paso necesario para eliminar barreras físicas y sociales que durante décadas han separado a Vallecas del resto de la ciudad. No hablamos solo de urbanismo, sino de dignidad, de cohesión social y de justicia territorial.

Bajo el puente, entre pilares de hormigón y sombras permanentes, se levantan chabolas de cartón y plásticos que apenas resisten la lluvia y el frío. Desde fuera, no se ven personas, no hay rostros ni voces, pero se intuye que dentro alguien respira, alguien espera. Son refugios del aislamiento, espacios mínimos donde la pobreza se oculta a la mirada pública mientras se arrastra en silencio. Allí, protegidas sólo por capas de cartón húmedo, las vidas quedan suspendidas, invisibles, como si no existieran, pero recordándonos que la exclusión no siempre grita: muchas veces simplemente sobrevive. Las personas que sobreviven bajo el puente no están ahí por elección. Muchas llegan tras haber sufrido desahucios, después de no poder asumir alquileres desorbitados o tras perder su vivienda en manos de fondos buitre que compraron bloques enteros a precio de saldo y expulsaron a familias enteras sin ofrecer alternativas reales. En Vallecas, (y en todo Madrid) estas prácticas han dejado una huella profunda, rompiendo redes vecinales y empujando a la pobreza a quienes siempre formaron parte del barrio.

Las infraviviendas están hechas de cartón, plásticos y otros materiales que no protegen ni del frío ni de la lluvia. Foto: F. Bódalo VK

El alto coste del alquiler y de la vivienda en general, unido a la especulación inmobiliaria y a la gentrificación, está convirtiendo nuestro barrio en un lugar cada vez más inaccesible para su propia gente. Mientras se promociona Vallecas como zona «en transformación», muchos vecinos se ven obligados a marcharse, y otros acaban directamente en la calle.

Soluciones sociales

Eliminar el puente no puede ser una operación cosmética ni una excusa para esconder la pobreza. Debe ir acompañada de soluciones sociales y habitacionales reales: vivienda pública, freno a los desahucios, control de los alquileres y políticas firmes contra la especulación. Solo así se evitará que la pobreza se desplace de un punto a otro sin resolverse.

Vallecas no necesita más muros ni infraestructuras que lo aíslen. Necesita derechos, vivienda digna y un compromiso real con su gente. Porque una ciudad que permite que sus vecinos vivan bajo un puente, tras haber sido expulsados de sus casas, es una ciudad que ha fallado. Y porque integrar Vallecas en Madrid no es un favor: es una deuda social que sigue pendiente.

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