Por José Molina Blázquez
Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va. Y qué cierto es el lamento cuando nos toca recordar al amigo, al luchador, al vallecano, a nuestro carlista favorito.
Presidente de la Asociación de Vecinos de Alto del Arenal, mantuvo durante muchos años la intensidad de las luchas por conseguir un barrio más digno y transformar una realidad que se nos antojaba difícil, pero nunca imposible. Trabajador de Telefónica, comprometido con todas las causas justas, peleón y al mismo tiempo tranquilo, valiente en todas sus decisiones, José María estuvo activo en todo el proceso de lucha por una vivienda digna que transformó todo Vallecas.
Estuvo al frente, con iniciativa y capacidad negociadora en las luchas por la ampliación de la línea 1 del Metro, hasta ver con sus propios ojos la placa que los Reyes descubrieron en Alto del Arenal, agradeciendo la lucha de las asociaciones de vecinos que lo consiguieron. La iniciativa de este dirigente vecinal, un hombre, como diría Machado, «en el buen sentido de la palabra, bueno». Peleó para traer el gas natural a muchas casas de su barrio y de otras zonas de Vallecas, contra la OTAN, contra la invasión americana en Irak, contra las agresiones de Israel, por las libertades democráticas, por los derechos de las mujeres, de los mayores… Por la justicia, todo. Contra la injusticia, todo. Y su amor a la cultura le llevaron a apoyar a la Asociación Cultural Al Alba y a escribir tres libros de memoria, legado que permite reconstruir muchos años de vivencias en Vallecas.
José María era católico practicante y militaba en las comunidades cristianas populares. Nadie tan consecuente en todas sus militancias como él. También militó en el Partido Carlista y alcanzó grado de caballero, otorgado por el pretendiente Carlos Hugo de Borbón.
Qué gran hombre se nos ha ido. Qué excelente dirigente vecinal. Qué gran familia nos ha dejado en el barrio. Hasta siempre José María.








