Por Margarita Álvarez, enfermera familiar y comunitaria CS Entrevías
La adolescencia es una fase vital inevitable en el camino hacia la madurez y tiene que entenderse como una etapa de transición o de “crisis”. Se trata de un proceso de transformación biológica muy complejo, desde la niñez a la madurez, y no hay otro periodo en la vida en el que nuestro cerebro vaya a estar tan predispuesto y capacitado para aprender como durante la adolescencia.
Es importante distinguir entre la pubertad y la adolescencia. La primera es un proceso en el que se liberan las hormonas que favorecen los cambios físicos que afectan al crecimiento y maduración sexual, proceso puramente biológico. La adolescencia hace referencia a la maduración biopsicosocial que implica muchas más variables y es más prolongado en el tiempo.
Actualmente, los cambios sociales están modulando a los adolescentes de una forma muy distinta a generaciones anteriores, debido a la revolución digital. La constante presencia de la tecnología tiene un aspecto muy significativo en cuanto a la maduración durante la infancia, siendo incluso mayor su efecto en la adolescencia, que puede afectar en las habilidades sociales, pudiendo minimizar el desarrollo de una buena compresión del lenguaje no verbal en la comunicación. Para que los padres podamos acompañar mejor a nuestros adolescentes en esta etapa es importante saber que comprendiendo mejor su cerebro, entenderemos mejor sus comportamientos, mejorando la comunicación con ellos, clave para evitar el distanciamiento.
Se pensaba erróneamente que el crecimiento del cerebro estaba prácticamente terminado cuando el niño comenzaba en Infantil. Ahora se sabe que el cerebro adolescente está solo en el 80% del proceso de maduración y esta franja del 20% en el que el cableado es más débil, explica en gran parte la conducta desconcertante a veces de los adolescentes: sus cambios de humor, su irritabilidad y su impulsividad. La última parte que se desarrolla, es donde se sopesan las acciones, se juzgan las situaciones y se toman las decisiones. De ahí la importancia de nuestra capacidad como adultos de aconsejar, explicar y ser buenos modelos de actuación sin ser contradictorios, hasta que su cerebro esté plenamente cableado, conectado y listo para funcionar con independencia.
Un descanso necesario
Son muchas cosas las que pasan en el cerebro del adolescente. Es necesario un descanso correcto, se recomiendan entre 8 y 9 horas y media por la noche, ya que influye no solo en la relajación y recuperación del cuerpo, sino en la memoria y el aprendizaje. También ayuda a comer mejor y a gestionar el estrés. Por esto la importancia de no sustituir horas de sueño por uso de tecnologías.
Estos cambios cerebrales conllevan búsqueda de novedades, ganas de vivir relaciones sociales intensas, estado de efervescencia emocional y deseo de exploración creativa. Por esto los adultos que están cercanos a los adolescentes deben ver más allá de las provocaciones. Deben cultivar el vínculo y mantener presente el cariño y la proximidad emocional, pues un adolescente necesita sentirse muy amado, incluso cuando hace todo lo posible para resultar antipático y odioso.








