Entrevías (III)

El barrio de Entrevías en sus inicios

Por José Luis García Heras

«La corriente emigratoria empezó hacia 1942, tomó gran incremento en 1952 y 1953, alcanzando su culmen en los años 1955 y 1956, terminando en 1957, por una prohibición tajante de edificar en el barrio. Las familias que llegaron a partir de entonces se desviaron hacia Palomeras y otros lugares próximos» (‘Barrio de Entrevías’, Revista ‘Arquitectura’ (CAM), octubre 1963).

En el Pozo del Tío Raimundo el mayor número de chabolas se edificaron en 1955 y 1956. Se solía construir el sábado al atardecer y durante el domingo. Se trabajaba a buen ritmo y hubo domingos que se levantaron hasta 50 chabolas, aunque el lunes la ‘brigadilla’ tiraba unas cuantas y los guardias multaban por construir sin permiso. Muchos las pagaban y otros se cargaban de multas, hasta que el Padre Llanos les dijo que no las pagasen.
Interesados por la situación de los vecinos de la zona y sus necesidades, algunas personas, como el Padre Llanos, desde 1955, y un grupo de universitarios, se hicieron sus valedores ante la Administración.

La vida de las familias del barrio era de un nivel bajísimo. Pasaban la semana comiendo mal y todavía tenían que dejar en las tiendas deudas pendientes para liquidarlas el sábado cuando cobraran. Por la calle se encontraban niños y niñas, ya mayorcitos, casi desnudos, al no tener ropa para cambiarse y tener lavado el único pantalón o vestido de que disponían.

La proliferación del chabolismo llega a su punto culminante en 1956, llegándose a más de 4.300 chabolas en todo Entrevías.

En 1956 se fijan varios barrios o núcleos (‘Aportaciones para el conocimiento de un área urbana’. Esperanza Molina): Entrevías Viejo: 834 chabolas enquistadas en las construcciones más recientes; Entrevías Nuevo: 860 chabolas; Ahijones: 378; Prado Lombardo: 203; Barrio Obrero: 239; Pozo Tío Raimundo: 1.714; y Celsa: 90. Total: 4.318 chabolas

Tenían una sola planta y en el buen tiempo salían a la puerta de la calle con una silla a coser, charlar o jugar. Por otro lado, poco a poco, con envases vacíos y material de desecho se iban haciendo un corralito en el que poner gallinas, conejos, el perro y una cabra, tender la ropa y trastear los domingos. Era la prolongación del mundo que habían abandonado.
El padre Llanos transmitió este problema en julio de 1956. Entonces el director del Instituto Nacional de la Vivienda y el comisario de Urbanismo planean una enérgica intervención oficial para erradicar el chabolismo en este sector.

Nombre de campesino

El Pozo del Tío Raimundo debe su nombre a un campesino, conocido entre los hortelanos por Tío Raimundo, que hacia 1925 contrató con algunos labriegos la construcción de un pozo de agua para irrigar las tierras y que las caballerías pudiesen abrevar. Su finca, rodeada por otros terrenos de cultivo, estaba encuadrada entre las líneas férreas de Aragón y Levante.
La primera casa edificada en 1925 fue ocupada por un asturiano, que compró un terreno para instalar una vaquería. La segunda fue una taberna, establecida por un vallecano, junto a un paso a nivel de la línea férrea. La tercera fue edificada por un labrador de Martos (Jaén), que en 1927 vino a buscar trabajo a la capital. Este pequeño núcleo urbano continuó durante varios años sin experimentar apenas variación: en 1940 había solo cinco chabolas.

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